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Hacia una sociedad del procomun: el plan de transición para el Ecuador

Por Michel Bauwens con la participación de George Dafermos y John Restakis

Antecedentes del Proyecto FLOK

El Plan Nacional para el Buen Vivir (PNBV) de Ecuador reconoce y subraya que la transformación mundial hacia sociedades y economías basadas en el conocimiento requiere una nueva forma de creación y distribución del valor en la sociedad. La idea central del PNBV es la realización del ‘Buen Vivir’ (Sumak Kawsay, en idioma quichua), pero el buen vivir es imposible sin la disponibilidad del ‘Buen Conocer’ (‘Sumak Yachay’, en quichua). El tercer plan nacional para el quinquenio 2013-2017 hace un llamado explícito hacia una sociedad del conocimiento basada en los comunes abiertos[1].

El propio presidente Correa exhortó a los jóvenes para que luchen y alcancen esta sociedad del conocimiento abierto.[2]

Buen Conocer / FLOK Society es un esfuerzo de investigación conjunto entre el Ministerio Coordinador de Conocimiento y Talento Humano, la SENESCYT (Secretaria Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación) y el IAEN (Instituto de Altos Estudios Nacionales) para desarrollar un plan de transición y propuestas de política pública para alcanzar dicha sociedad del conocimiento basada en los comunes abiertos.

FLOK se refiere a:

  • Free (libre), es decir, la libertad de usar, distribuir y modificar el conocimiento en repositorios comunes disponibles de forma universal.
  • Libre, enfatiza, que se refiere a libertad y no a gratuidad.
  • Open (abierto) se refiere a la capacidad de los ciudadanos de acceder, contribuir y usar ese recurso común.

Una sociedad del conocimiento free, libre y abierta, por tanto, significa organizar cada sector de la sociedad, al máximo grado posible, en el procomún del conocimiento abierto: es decir, la capacidad de crear repositorios de conocimiento, código y diseño comunes, que resulten aceptables para todos los ciudadanos y entidades mercantiles para crear sociedades y economías dinámicas e innovadoras, donde el conocimiento esté disponible sin discriminación para quienes lo necesiten para desarrollar sus actividades ciudadanas y económicas.

El proyecto Buen Conocer/FLOK Society ha sido encargado por el Secretario de Conocimiento René Ramírez y la SENESCYT, y se está llevando a cabo por el IAEN bajo la dirección del Rector y Decano de Investigación, así como los líderes del equipo de FLOK Society, Daniel Vázquez y Xabier Barandiaran. Michel Bauwens, el autor del plan de investigación en colaboración con el equipo de investigación, es el director de la investigación, con la asistencia de cinco coordinadores para cada línea de investigación.

El objetivo del plan de investigación es la combinación de los mejores consejos de los trabajadores globales del procomún y de la sociedad civil ecuatoriana con el fin de proponer un plan de transición integrado, así como el marco para las políticas públicas y las propuestas asociadas.

El plan de investigación se desarrolla con base en la propuesta original del Buen Conocer / FLOK [3], es decir “Diseñar la FLOK Society”, por Xabier E. Barandiaran y Daniel Vázquez. Se basa sobre esta propuesta y específicamente busca un abordaje holístico, que va más allá de la tecnología, y medidas que tomen en cuenta los diferentes aspectos del cambio social que es necesario ocurra, si bien no simultáneamente, al menos vinculadas a una retroalimentación positiva en la que varias medidas se refuercen entre sí. También amplía y profundiza la búsqueda examinando infraestructuras basadas en bienes comunes, no solo para el conocimiento, sino también para otras actividades sociales y productivas.

Formulación de la propuesta: los tres modelos del valor y la transición a una economía social del conocimiento

Con el propósito de enmarcar la transición hacia una ‘economía social del conocimiento’ o un modelo social basado en el FLOK, utilizamos el marco de tres sistemas de extracción y distribución de valor, que determinan cómo se crea, extrae y distribuye el valor económico.

Por supuesto, el modelo tradicional capitalista es bien conocido, sin embargo la emergencia de la sociedad del conocimiento ya cambió estas dinámicas de un modo fundamental.

En el modelo tradicional, antes de la era de la producción cognitiva y en red, los actores de capital privado invertían en capital y trabajo para vender los productos industriales y de consumo con valor agregado.

Sin embargo, los nuevos modelos del capitalismo cognitivo operan con modelos distintos de extracción y distribución de valor. Distinguimos tres modelos, que incluyen al modelo poscapitalista de la economía social del conocimiento. Definimos genéricamente el capitalismo cognitivo como el modelo de capitalismo dónde el control sobre los flujos y la propiedad de la información son los factores clave para la extracción de valor.

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De los tres modelos que distinguiremos, uno es todavía predominante, aunque su importancia va en rápido declive; el segundo está alcanzando predominancia, pero lleva consigo las semillas de su propia destrucción; el tercero es emergente, pero necesita nuevas políticas vitales para poder convertirse en el predominante.

El primer modelo: Capitalismo cognitivo ‘clásico’ basado en la extracción de propiedad intelectual

Esta es la forma clásica del capitalismo cognitivo, que se basa en un capitalismo “rentista”, el cual extrae renta a través de la Propiedad Intelectual, y en el cual domina el capital financiero. Una buena descripción de esta forma se encuentra en el “Manifiesto Hacker” de McKenzie Wark, en el que describe la lógica del “capitalismo vectorial”, donde los “vectores” de comunicación están en las manos de los medios de comunicación masivos y las compañias multinacionales que organizan el trabajo. Esta primera forma del capitalismo cognitivo fue predominante en la primera era de la computación en red, antes de la emergencia del Internet cívico y la web, cuando las redes estaban exclusivamente en manos de multinacionales y/o gobiernos con sus canales públicos centralizados. En este sistema, el lucro del capital depende cada vez más de la regulación de la “propiedad intelectual”, que genera una escasez artificial de todo el conocimiento tecnológico, científico, comercial y de otra índole, y permite así la creación de ganancias exorbitantes. El beneficio de la pura producción industrial se ha vuelto reducido pero el de propiedad intelectual y del control de las redes de producción a través de las TIC permite la generación de beneficios monopólicos enormes.

Esta primera forma de capitalismo cognitivo está lejos de desaparecer, de hecho es aún predominante. Sin embargo está siendo quebrantada en la segunda era de la computación en red, en la que las obras de Internet ahora se difunden por la sociedad y los vectores de producción no pueden seguir monopolizándose. Además, la ubicuidad de la tecnología digital y su habilidad de reproducir productos de información a costos marginales, quebrantan severamente la conservación de un regímen de propiedad intelectual que se basa en escazez artificial, a través de la represión legal o del sabotaje tecnológico (DRM, digital rights managemento gestión de derechos digitales).

El segundo modelo: Capitalismo Netárquico basado en el control de plataformas en red

Sin duda, la segunda era de computación masiva en red, nacida con el acceso público a internet, ha erosionado el control de la clase “vectorial” y creó una nueva clase de controladores, la del “capital netárquico”, el tipo de inversión de capital que controla plataformas de redes sociales propietarias, pero que no obstante habilitan comunicación directa entre pares.

Esta segunda forma del capitalismo netárquico es una forma en la que el capital ya no controla la producción directa de información y comunicación, pero extrae valor a través de su nuevo rol como plataforma intermediaria. Este modelo necesita de manera mucho más marginal la protección de la propiedad intelectual, y aunque permite la comunicación p2p entre pares, controla su posible monetarización a través del rol de intermediario y la propiedad de las plataformas para este tipo de comunicación.

Típicamente, en redes sociales propietarias como Facebook y Google, el fin visible es peer to peer (de igual a igual); efectivamente habilitando la socialización entre pares, pero el fin latente está controlado: el diseño está en manos de sus propietarios, así como también los datos privados de los usuarios y es la atención de los usuarios la que se comercializa a través de la publicidad. La financiación de la cooperación se convierte en el negocio en juego. Sin embargo, esta forma es un híbrido, porque también habilita el crecimiento sostenido de la socialización entre pares, donde el intercambio de información y su producción está ampliamente disponible para cada vez más usuarios.

De este modo, dicho modelo coexiste con múltiples procesos de producción e intercambio entre pares en movimientos de base y asiste por ejemplo a la emergencia de más diversidad monetaria, en forma de monedas complementarias locales o impulsadas por comunidades, y de una cripto-moneda de reserva global como Bitcoin, una moneda fantasma que sirve como moneda poswesfaliana ‘civica’, que al mismo tiempo exhibe propiedades del capitalismo financiero de una manera exacerbada. El capitalismo netárquico sufre de una crisis de valor severa, en la que la lógica del valor del uso emerge fuerte y crece exponencialmente, pero en una forma desmonetizada. El beneficio restante queda en la monetización especulativa, por los mercados financieros, de la creación colaborativa.

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  • La crisis de valor bajo condiciones de capitalismo netárquico

El neoliberalismo estuvo caracterizado por una particular ‘crisis de valor’ que explotó en la crisis sistémica del 2008. Bajo las condiciones generales del régimen neoliberal, los salarios de los trabajadores se han estancado y la porción que va a los propietarios del capital se ha incrementado, creando una crisis de acumulación que se resolvió a través del crédito. Cuando el crédito de las corporaciones, de los gobiernos y del consumidor en general fueron concedidos sin límites, hacia el 2008, el sistema neoliberal entró en una crisis sistémica. Ya bajo el neoliberalismo, el valor material de los bienes de producción no son sino una parte pequeña del cálculo del valor de una compañía, y el exceso de valor puede ser considerado, de hecho, como una forma de extracción de la cooperación humana inmaterial. Bajo las condiciones del capitalismo cognitivo, especialmente bajo esta forma netárquica, esta crisis de valor se agrava.

El período transcurrido desde los años 90, cuando las redes cívicas de internet se hicieron cada vez más disponibles a la población en general, así como la producción entre iguales basada en el procomún y otras formas de creación de valor en red se hicieron posibles, vio el nacimiento de un régimen mixto.

A través de diferentes formas de producción entre iguales y creación de valor en red, el valor de uso es crecientemente creado de modo independiente a los sistemas industriales y financieros privados, y tiene lugar a través del modo cívico de contribución, donde el valor de uso inmaterial se deposita en fondos del procomún de conocimientos, códigos y diseños.

En una producción entre pares ‘pura’, que pudiéramos llamar una forma de ‘distribución agregada’ del trabajo, los colaboradores, voluntarios o remunerados, aportan a un fondo común donde se deposita el valor inmaterial; asociaciones benéficas tales como las Fundaciones FLOSS posibilitan que ocurra la continuidad de la cooperación; y las coaliciones empresariales formadas en su mayoría por empresas con fines de lucro, captan el valor agregado en el mercado. En este modelo, auque hay una creación continua de valor de uso en el procomún, y por tanto, una ‘acumulación del procomún’ basada en ingresos abiertos, procesos participativos de producción y salidas orientadas hacia el procomún que están disponibles para todos los usuarios, la acumulación de capital continúa a través del modo de trabajo y del capital en las coaliciones empresariales. Sin embargo, una cantidad creciente de trabajo voluntario es extraído durante este proceso.

En el modo de reparto del valor en red caracterizado por medios sociales/redes que se posicionan en plataformas propietarias, el valor de uso es creado por los usuarios de medios sociales, pero su atención es lo que crea un mercado donde ese valor de uso se convierte en un valor de cambio extraído. En el reino del valor de cambio, esta nueva forma de ‘capitalismo netárquico’ (la jerarquía de la red) puede interpretarse como una hiperexplotación, ya que los creadores del valor de uso no obtienen ninguna recompensa en términos de valor de intercambio, lo cual sólo se logra a través de plataformas propietarias.

Finalmente, en los mercados tercerizados abiertos (crowsourced), lo cual llamamos ‘distribución desagregada’ ya que los trabajadores son freelancers aislados compitiendo sin una PI colectiva compartida, el capital abandona la forma de trabajo y externaliza el riesgo en los freelancers. Según la investigación preliminar del investigador Trebor Scholz sobre ‘trabajo digital’, comunicada oralmente, el ingreso promedio por hora no supera los US$2, lo cual está muy por debajo del salario mínimo de Estados Unidos. Un ejemplo típico son las habilidades en el mercado TaskRabbit, donde los trabajadores no se comunican entre ellos, pero los clientes si.

Bajo el régimen de capitalismo cognitivo, la creación de valor de uso se expande exponencialmente, pero el valor de cambio crece sólo linealmente, y es casi completamente percibido por el capital, provocando el crecimiento de modos de hiperexplotación. Se puede argumentar que este crea una forma de hiper-neoliberalismo. Mientras que en el neoliberalismo clásico el ingreso laboral se estanca, en hiperneoliberalismo la sociedad se desproletariza, es decir, el trabajo asalariado está siendo crecientemente reemplazado por freelancers cada vez más aislados y precarios; y el valor de uso se escapa del modo de trabajo conjunto.

Bajo el régimen mixto de capitalismo cognitivo en su forma netárquica, la producción de valor en red crece y tiene muchos efectos emancipatorios en el campo social de la creación de valor de uso pero está en contradicción con la realización del valor de cambio, donde la hiper-explotación se lleva a cabo. Esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que se incrementa la contradicción entre el proto-modo de producción que es la producción entre pares y formas asociadas de creación de valor en red; y las relaciones de producción que permanecen bajo el dominio del capital financiero.

En esta nueva forma híbrida, un sector de capital, el capitalismo netárquico, se ha liberado a sí mismo a un grado importante de la necesidad de formas propietarias de conocimiento, pero eso, de hecho, ha incrementado el nivel de extracción de plusvalía. Al mismo tiempo, el valor de uso escapa más y más de su dependencia del capital. Esta forma de hiperneoliberalismo crea una crisis de valor. Primero, la parte del trabajo mediada por el valor de intercambio disminuye en comparación con el rol de la creación directa de valor de uso haciendo al capital incrementalmente superfluo y parasitario; segundo, las formas de creación de valor explotan, pero la continua dependencia del valor de intercambio monetarizado no permite la percepción de ese valor por parte de los productores de valor; los beneficios en la economía industrial disminuyen también, haciendo del sector financiero y su dependencia de la renta de PI un poder cada vez más dominante.

Al mismo tiempo, el poder de extracción de renta de PI es socavado por la creación de valor de uso directo. En todo caso, todas esas tendencias crean una crisis para la acumulación de capital; el ciclo de retroalimentación entre la creación de valor de uso y la captura de valor de intercambio, idealmente redistribuidas a través de salarios o a través de beneficios sociales, se rompe; la excesiva dependencia de los débitos hace que los préstamos masivos sean cuestionables como solución. El capital se hace más dependiente de las externalidades de la cooperación social, sin embargo no la recompensa. El capitalismo financiero percibe el valor de la cooperación social a través de mecanismos especulativos los cuales incrementan el monto de capital ficticio en el sistema (el capital ficticio es, de hecho, el valor de uso no percibido que ya no es recompensado debido a la crisis de valor). Estos temas correlacionados son examinados a profundidad por Adam Arvidsson y Nicolai Peitersen en su libro sobre Economía Ética.

Podemos llamar a este régimen de valor neofeudal, porque se basa cada vez más en ‘prestaciones personales’ no pagadas y crea el peonazgo por deudas generalizadas. Finalmente, la propiedad es reemplazada por el acceso, disminuyendo la soberanía que viene con la propiedad y creando dependencias a través de los acuerdos de licencias de un solo lado en la esfera digital.

Hacia un tercer modelo: una economía madura y ‘cívica’ entre pares

El tercer modelo es la forma hipotética que creemos puede hacer exitosa la transición, si conseguimos reconstruir los movimientos sociales transformadores y, a partir de ahí, transformar el Estado de manera que pueda funcionar como un Estado socio, que facilite la creación de nuevas infraestructuras civicas. En este modelo, la producción entre pares corresponde tanto a un nuevo mercado como al modelo de Estado, creando una economía cívica madura y basada en pares, un modelo social y político, donde el valor se redistribuye entre los creadores de valor. Estos cambios se han llevado adelante en la esfera política por un movimiento emergente del procomún, que defiende el sistema de valor de la producción de pares y del procomún, guiado por los trabajadores del conocimiento y sus aliados.

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Resolviendo la crisis de valor a través de la economía social de conocimiento

Ya que el modelo mixto parece crear contradicciones insostenibles, se hace necesario imaginar una transición a un modelo donde las relaciones de producción no estén en contradicción con la evolución del modo de producción. Esto significa un sistema de economía política que estaría basado en el reconocimiento y la recompensa de la lógica contributiva en el trabajo de producción entre pares orientadas por el procomún.

Si nos fijamos en el nivel micro, recomendamos la intermediación de acumulación cooperativa. En la economía actual del software libre, las licencias abiertas habilitan la lógica del procomún, o inclusive técnicamente, el ‘comunismo’ (cada cual contribuye como el/ella puede, cada cual usa cuanto necesita), pero crea una paradoja: ‘cuanto más comunista sea la licencia, más capitalista es la economía’, ya que permite específicamente que grandes empresas sin fines de lucro alcancen el valor del procomún en la esfera de la acumulación de capital. De allí, irónicamente, el crecimiento de un ‘comunismo del capital’.

Proponemos reemplazar las licencias ‘comunistas’ no recíprocas, con licencias socialistas, vale decir, basadas en el requerimiento de reciprocidad. Por tanto, el uso de una licencia para producción entre pares requeriría una contribución al procomún para su uso libre, al menos para compañías con ánimo de lucro, para crear una corriente de valor de intercambio para el procomún/pares productores en sí mismos; además, los creadores del procomún crearían sus propias entidades de mercado, crearían valor agregado de mercado en la capa superior del procomún, realizarían la plusvalía ellos mismos y crearían una economía ética en torno del procomún, donde el valor de la producción de bienes rivales también se realizaría. Tales coaliciones empresariales éticas serían capaces de habilitar contabilidad de libros abiertos y cadenas abiertas de abastecimiento, que podrían coordinar la economía fuera de las esferas tanto de la planificación como del mercado. Las coaliciones empresariales éticas pueden expandir la esfera del procomún a través de proyectos emprendedores del procomún, tal como en el modelo de ’empresa comunista’ propuesto por Dmytri Kleiner. En este modelo, las cooperativas con necesidades de capital pueden emitir un bono que les permitiría comprar bienes de producción. Estos bienes de producción pertenecerían al procomún; en otras palabras, las máquinas pueden ser arrendadas con los recursos del fondo común, pero su renta sería también redistribuida entre todos los miembros del procomún. En esta forma de economía binaria, los cooperadores del procomún recibirán tanto un salario de su cooperativa, como una parte incremental de la renta común (además, todos los ciudadanos se beneficiarán de un ingreso básico aportado por el Estado Socio).

Tales coaliciones empresariales, en solidaridad intrínseca con el procomún, también pueden moverse a prácticas tales como contabilidad y logística abiertas, que permitirían difundir la coordinación mutua de sus capacidades productivas marcando, por tanto, el inicio de un tercer modelo de localización que no sería ni el mercado, ni el sistema de planificación, sino un sistema de coordinación estigmérgica (descentralizada). En otras palabras, la coordinación estigmérgica que ya funciona en la esfera de la producción ‘inmaterial’, podría ser gradualmente transferida a la esfera de la producción ‘material’. Al grado en el cual esos sistemas estigmérgicos crean la posibilidad de economías de modelos basados en recursos, tales esferas de la economía podrían ser gradualmente desmonetarizadas y reemplazadas por sistemas de medidas (es decir, monedas de mercancías con sistemas de ‘almacenamiento de valor’ podrían desaparecer gradualmente).

Sin embargo, tales cambios al nivel de la microeconomía no sobrevivirán a un mercado capitalista hostil y a un Estado sin los cambios necesarios en el nivel macroeconómico; de allí la necesidad de propuestas de transición, conducidas por un movimiento social resurgente que apropie la nueva creación de valor a traves del procomún, y se convierta en la expresión política y popular de la clase social emergente de productores de pares y trabajadores del procomún, aliados con las fuerzas que representan tanto trabajo asalariado como cooperativo, empresarios independientes simpatizantes del procomún y trabajadores agrícolas y de servicios.

Los cuatro regímenes de la tecnología

Los regímenes de valor están más o menos asociados con regímenes de tecnología, ya que las fuerzas que intervienen quieren proteger sus intereses a traves del control de las plataformas tecnológicas y de medios, las cuales proponen ciertos comportamientos y lógicas, mientras que desmotiva otros. Los poderes sobre los protocolos tecnológicos y las decisiones de diseño orientadas al valor se utilizan para crear plataformas tecnológicas que encajan con intereses propietarios.

Así, aun cuando las tecnologías entre pares y las redes se convierten en ubícuas, las tecnologías p2p, aparentemente similares, tienen características muy diferentes que dan lugar a diferentes modelos de creación y distribución de valor y también a comportamientos sociales y tecnológicos diferentes. En redes, el comportamiento humano puede ser influenciado sutil o no tan sutilmente por decisiones de diseño y protocolos invisibles de los dueños o administradores de las plataformas.

El siguiente gráfico está organizado sobre dos ejes, los cuales determinan al menos cuatro posibilidades distintas.

El eje vertical distingue el control tecnológico centralizado (y una orientación hacia la globalidad) a partir del control tecnológico distribuido (y una orientación hacia la localización); el eje horizontal distingue una orientación con fines de lucro (donde cualquier bien social es absorbido por la meta del lucro para el accionista) de orientaciones con fines de beneficio (donde los beneficios eventuales son absorbidos por el objetivo social).

Los cuatro escenarios potenciales se discuten aquí:

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Capitalismo netárquico como un régimen tecnológico: frente p2p, trasfondo jerárquico

El capitalismo netárquico, la primera combinación (cuadrante superior izquierdo) une el control centralizado de una infraestructura distribuida con una orientación hacia la acumulación de capital. El capital netárquico es esa fracción de capital que permite y fortalece la cooperación y la dinámica p2p pero a través de plataformas propietarias que están bajo propiedad y control centralizados. Aunque los individuos compartirán a través de estas plataformas, no tienen control, gobernanza ni propiedad sobre el diseño y el protocolo de estas redes/plataformas, que son propietarias. Por ejemplo, pensemos en Facebook o Google. Típicamente bajo las condiciones de capitalismo nitárquico, mientras que los que comparten directamente crearán o compartirán el valor de uso, el intercambio monetizado será percibido por los dueños del capital. Mientras en el corto plazo está en el interés de los accionistas o dueños, esto también crea una crisis de valor al largo plazo para el capital, ya que los creadores de valor no reciben una recompensa, y no tienen el poder adquisitivo para adquirir los bienes necesarios para el funcionamiento de la economía física.

El capitalismo distribuido como régimen tecnológico: la mercantilización de todo

La segunda combinación (cuadrante inferior izquierdo) llamado “capitalismo distribuido) une el control distribuido pero mantiene el enfoque sobre la acumulación de capital. El desarrollo de divisas p2p como Bitcoin, la plataforma de crowdfounding (micromecenazgo) Kickstarter, y las plataformas para compartir, que son propiedad privada, se convierten en ejemplos representativos de estos desarrollos. Bajo este modelo, las infraestructuras p2p están diseñadas de tal manera que permitan la autonomía y la participación de muchos jugadores, a los cuales se les permite interactuar sin los intermediarios clásicos, pero el enfoque principal se mantiene en la creación de ganancias. En Bitcoin, todas las computadoras participantes pueden producir la moneda, por tanto eliminando intermediación por parte de los grandes bancos centrales. Sin embargo, el punto focal se mantiene en el cambio y e intercambio a través de una moneda diseñada para crear escasez, que por tanto debe ser obtenida a través de la competencia. El diseño conscientemente deflacionario de la moneda asegura un aumento permanente de valor y por tanto anima a la acumulación y la especulación. Por el otro lado, Kickstarter funciona como un mercado revertido con inversión prepagada. Bajo estas condiciones, cualquier procomún es un subproducto o un resultado extra del sistema y las motivaciones personales son movidas por el intercambio, el comercio y el beneficio.

Muchos desarrollos p2p pueden ser vistos dentro de este contexto, luchando por un capitalismo más incluyente, distribuido y participativo. Aunque ellos pueden ser considerados como por ejemplo, de un emprendimiento antisistémico en contra los monopolios o intermediarios predadores, se mantienen dentro del enfoque de la creación de ganancias. La distribución no se piensa localmente, ya que la visión es la de una economía virtual, donde los jugadores pequeños pueden tener un impacto global y crear agregaciones globales de jugadores pequeños. Sin embargo, a pesar de los ideales expresados por los movimientos políticos y sociales asociados con tal modelo (tal como el anarcocapitalismo y las economías austriacas), en la práctica, estas dinámicas llevan inevitablemente a la consolidación y concentración de capital.

Plataformas comunitarias resilientes diseñadas para la relocalización

El siguiente modelo asocia el control local distribuido de las plataformas tecnológicas con un enfoque en la comunidad o el procomún y busca crear “comunidades resilientes” que puedan soportar los caprichos de un mercado global inestable (cuadrante inferior derecho). El enfoque acá está principalmente puesto en la relocalización y la recreación de la comunidad local. Usualmente se basa en la expectativa de un futuro marcada por recortes severos de energía y recursos, o en cualquier caso, la escasez en aumento de energía y recursos, y toma la forma de una estrategia salvavidas. Iniciativas como el movimiento del decrecimiento o las Transition Towns, una red de comunidades base, puede ser vista en este contexto. En formas extremas, son simples estrategias salvavidas que están enfocadas en la supervivencia de comunidades pequeñas en el contexto del caos generalizado. Lo que marca tales iniciativas es, creemos, el abandono de la ambición de escala y el enfoque en comunidades locales fuertes y resilientes. A pesar que la cooperación global y la presencia en red puedan existir, el enfoque se mantiene en lo local. Más a menudo, la movilización política y social a escala no se ven realistas y están dirigidas al fracaso. En el contexto de nuestra creación de ganancias a través del eje del procomún, no obstante, estos proyectos están enfocados directamente hacia la generación de valor a la comunidad. Una crítica genérica de este modelo es que no genera contrapoder o contrahegemonía para el modelo, ya que la globalización de capital no se equipara o se mantiene en regla por una fuerza opuesta de la misma escala. Por tanto, existe la necesidad de un segundo modelo alternativo, que también reconozca la importancia de la escala y ponga atención a las dinámicas del poder global y la gobernanza.

El escenario del procomún global como la alternativa deseada

La alternativa del “Global Commons” (cuadrante superior derecho) está en contra del enfoque hacia lo local discutido anteriormente, ya que se enfoca en el procomún global.

Los defensores de la causa y constructores de este escenario argumentan que el procomún debe ser creado y defendido en una escala transnacional global.

Aunque la producción es distribuida y por tanto facilitada a un nivel local, las microfábricas resultantes se consideran esencialmente tejidas en red a una escala global, generando beneficios a través de la cooperación mutualizada global tanto en el diseño del producto como en la mejora de la maquinaria del procomún. Cualquier empresa distribuida es vista en el contexto de filiales transnacionales, es decir, alianzas de empresas éticas que operan en solidaridad alrededor de conocimientos particulares en el procomún a escala global y no simplemente a escala local. Así, aunque la producción sea local, la organización social, política y económica es global y es capaz de crear un contrapoder a esa escala.

Además, la movilización política y social a escalas regional, nacional y transnacional, se considera parte de la lucha para la transformación de instituciones en cada nivel de la escala. Las empresas participantes son vehículos para que los trabajadores del procomún mantengan el procomún global así como sus propias vidas. Este último escenario no toma la regresión social como algo dado y cree en la abundancia sostenible para el conjunto de la humanidad

Capitalismo cognitivo/netárquico versus sociedad del conocimiento común y abierto

Sería útil acá comparar directamente dos escenarios sintéticos y compensatorios. Por un lado, los escenarios guiados por las ganancias que se encuentran en armonía con la economía política del capital actual y, por el otro lado, el escenario alternativo del conocimiento social basado en los principios FLOK.

¿Qué son exactamente una economía y una sociedad basados en un procomún abierto?

Para entenderlas, debemos primero dar un vistazo al viejo modelo socioeconómico que reemplaza.

Las formas neoliberal y capitalista combinan tres elementos básicos, elecciones fundamentales que guían su operación.

El primero es la creencia de que los recursos de la Tierra son infinitos, lo que permite una idea de crecimiento económico permanente y compuesto en el servicio de la acumulación de capital. Por lo tanto, el capitalismo neoliberal se basa en la ilusión de una falsa abundancia o ‘pseudoabundancia’ y su mecanismo de crecimiento se dedica a la acumulación sin sentido de las riquezas materiales.

El segundo es la creencia de que el flujo del conocimiento, la ciencia y la cultura deben ser privatizados y que, por lo tanto, sirven para el beneficio exclusivo de los propietarios. El conocimiento se crea para servir a la acumulación de capital y para la ganancia monetaria de unos pocos. La privatización del conocimiento, a través de los derechos de autor excesivos y los regímenes de patentes, tiene un efecto de ralentización dramático y hace posible una financiarización excluyente.

Por último, los primeros dos elementos están configurados de tal manera que no sirven a la justicia social, a la igualdad y el beneficio de todos, sino más bien beneficia y brinda ganancias a unos pocos. Bajo el capitalismo cognitivo, los frutos de la cooperación social son encerrados y financiarizados y la mayoría de la población tiene que pagar por el conocimiento que es en gran parte producido por la sociedad. Sólo aquellos que tienen dinero pueden beneficiarse de las innovaciones técnicas y científicas.

Después, debemos examinar a las reacciones contrarias positivas que han emergido y que han sido particularmente fortalecidas tras la crisis del neoliberalismo, la cual se sintió en las naciones del Sur en las décadas previas pero se tornó global en 2008.

Una primera reacción ha sido la reapropiación del estado por parte de movimientos ciudadanos, más particularmente en los países andinos y en Ecuador.

La segunda es el resurgimiento y florecimiento de nuevas formas de economía basadas en la igualdad, tales como la economía cooperativa, la economía social y la economía solidaria. Los nuevos gobiernos progresistas, y unos cuantos otros, están comprometidos en el fortalecimiento de estas formas económicas socialmente más justas.

En tercer lugar, hemos visto el surgimiento de una economía colaborativa, que mutualiza infraestructuras físicas (aunque a menudo en forma de plataformas privadas) para su reutilización y que pone a disposición una enorme cantidad de material excedentario y de recursos que se han creado en los últimos treinta años. Además de la explosión del auto compartido y la bici compartida, a menudo toman la forma de ‘mercados entre pares’, que han permitido a los ciudadanos crear intercambios más específicos de sus excedentes.

En cuarto lugar, y quizá lo más importante, hemos visto en gran parte gracias a la potencialidad de las redes mundiales, el surgimiento de la producción entre pares basada en el procomún. A nivel mundial y local, las comunidades productivas de ciudadanos han creado enormes repositorios comunes de conocimiento, código (software) y diseño, que están disponibles para todos los ciudadanos, empresas y administraciones públicas como base para ulteriores desarrollos. A menudo, estos conocimientos comunes productivos son gestionados por fundaciones y organizaciones democráticas sin fines de lucro, que protegen y permiten la infraestructura productiva común de cooperación y protegen el fondo común de conocimientos del cercamiento por la privatización excluyente, generalmente mediante el uso de licencias abiertas. A menudo, estas organizaciones son llamadas ‘asociaciones benéficas’. Casi siempre, estas comunidades productivas coexisten con una coalición dinámica emprendedora de las empresas que cocrean y coproducen estos repositorios comunes, creando así un sector económico dinámico. Es muy común que estos ecosistemas abiertos desplacen a los competidores que basan sus activiades en la propiedad intelectual privada. Un informe de EE.UU. sobre la ‘Fair Use Economy’, es decir, sobre las actividades económicas basadas en el conocimiento abierto y compartido, estimaron su peso económico en ese país en una sexta parte del PIB.

Sin embargo, también hay una paradoja: lo más probable es que sean las formas capitalistas las primeras en ver el potencial de estas nuevas formas económicas basadas en el procomún, así como las primeras en aliarse con ellas; por otro lado, las formas económicas cooperativas raramente practican o coproducen todavía repositorios de conocimientos abiertos. Sin embargo, hay una tendencia emergente para transformar la tradicional cooperativa existente basada en la gobernabilidad de una sola de las partes interesadas, hacia la gobernanza de múltiples partes interesadas, que introduce el cuidado del bien común en sus estatutos.

Esto significa que la economía del conocimiento global emergente puede hoy en día tomar dos formas competitivas.

En la primera forma de economía del conocimiento bajo el régimen del capitalismo cognitivo, tenemos, por un lado, la continuación de la propiedad intelectual cerrada y la realización de la renta económica por capital financiero, combinado con una nueva forma de capitalismo netárquico que permite y también explota la producción social. No es difícil ver que la riqueza de gigantes como Facebook y Google se basan en una hiperexplotación del trabajo gratuito de los ciudadanos usando sus redes sociales.

La otra, una forma más deseable de economía basada en conocimiento, se basa en el procomún abierto del conocimiento que está, sin embargo, preferiblemente vinculado a una economía ética y equitativa. Esta es la forma de economía del conocimiento y civilización es la más compatible con la visión del gobierno ecuatoriano que emerge de la revolución ciudadana, y con los valores expresados en el Plan Nacional y sus varias iteraciones (repeticiones del proceso)

Las implicaciones socio-económicas de una economía social del conocimiento

John Restakis ofrece la siguiente descripción positiva de la economía social del conocimiento:

En el debate actual con respecto al ascenso y las consecuencias del “capitalismo cognitivo” se está elaborando un nuevo discurso alrededor del concepto de una “economía social del conocimiento”. Pero ¿qué es una economía social del conocimiento y cuáles son sus implicaciones para el modo en que se organizan la sociedad y la economía?

El capitalismo cognitivo se refiere al proceso por el cual el conocimiento es privatizado y posteriormente mercantilizado como una manera de generar ganancias para el capital. En esta nueva fase del capitalismo, la centralización y control del conocimiento suplanta al proceso tradicional de producción y distribución material como la fuerza conductora de la acumulación de capital. En el pasado, el capitalismo se ocupaba principalmente de la mercantilización de lo material. El cierre y privatización gradual de los bienes comunes materiales tales como pastizales, bosques y cursos de agua que se habían utilizado en común desde tiempos inmemoriales, fue esencial en este proceso.

En nuestros tiempos, el capitalismo conlleva el cierre y la mercantilización de lo inmaterial – el conocimiento, la cultura, el ADN, las ondas de radio, incluso las ideas. En última instancia, la fuerza motriz del capitalismo en nuestra época es la erradicación de todos los bienes comunes y la mercantilización de todas las cosas. La colonización y apropiación del dominio público por parte del capital está en el corazón de los Nuevos Recintos. Este proceso es sostenido y extendido a través de la compleja y siempre cambiante red de patentes, derechos de autor, acuerdos comerciales, tanques de pensamiento, e instituciones gubernamentales y académicas que proporcionan el marco jurídico, político y ideológico que justifican todo esto. Por encima de todo, la lógica de este proceso está integrado en los valores, la organización y el funcionamiento de la empresa capitalista.

En contraste, una economía social del conocimiento se basa en el principio de que el conocimiento es un bien común que debe ser libre y abiertamente accesible para la consecución de lo que René Ramirez describe como “buen vivir”, no como un instrumento de ganancia comercial. El conocimiento se percibe como un bien social.

La búsqueda de una economía social del conocimiento es vista como una pieza clave para transformar la economía de Ecuador, de su dependencia del Norte y las empresas multinacionales, a una en la que el acceso abierto y gratuito al conocimiento construye la independencia económica, la innovación y los medios para servir mejor a los bienes comunes. Es un conocimiento movilizado al servicio de fines sociales, no privados.

Como dijo René Ramirez: “A diferencia del capitalismo cognitivo que sólo reconoce la propiedad privada del conocimiento, se busca que en el socialismo del buen vivir se tome en cuenta la propiedad pública, mixta, colectiva, republicana y, por supuesto, también la privada (es decir, un abanico de formas de propiedad intelectual según la naturaleza del bien) y que su modalidad de producción sea sobre todo colaborativa (en red) con y para la sociedad y la humanidad”.[4] Lo que aún falta por responder es cómo las instituciones socio-económicas existentes ayudan o dificultan el poder del conocimiento para desempeñar el rol transformador que se le ha asignado.

Un punto de inicio para responder esta pregunta es reconocer que el conocimiento dentro de una sociedad (su creación, utilización y valor) es una construcción moldeada por las fuerzas sociales y económicas que definen las relaciones de poder en una comunidad. El conocimiento siempre ha estado al servicio del poder. El capitalismo cognitivo, el proceso mediante el cual el conocimiento humano es privatizado y mercantilizado, es el resultado de la dominación y el poder de las relaciones sociales y el capitalismo económico y, en particular, de la naturaleza antidemocrática y privatizada de la economía, los mercados y la estructura organizativa de las empresas.

En épocas anteriores, el conocimiento también fue controlado y monopolizado, en la medida en que era posible, por los reyes o la iglesia. Las tecnologías de la información actuales, junto con el poder corporativo global, han hecho que tal centralización y control sea mucho más fácil y mucho más extenso.

Si el carácter y el uso del conocimiento en una sociedad es el producto de las relaciones de poder existentes, la búsqueda de una economía social del conocimiento debe también suponer una nueva perspectiva y realineamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas de forma que estas, en cambio, incorporen y refuercen los valores y principios de lo que el conocimiento como bien común implica. Si esto falta, ¿cómo operaría una economía social del conocimiento? ¿cómo puede ser sostenida en una economía abrumadoramente capitalista?

¿Dónde están los espacios sociales y económicos en los cuales un procomún del conocimiento abierto puede ser usado al servicio de una comunidad más amplia o para metas colectivas? ¿Qué tipo de organizaciones se necesitan para que el conocimiento se utilice de esta manera? ¿Qué condiciones se requieren para que estas prosperen? ¿Cómo podrían proveer un contrapeso frente a la poderosa y abrumadora influencia del capital? Sin instituciones ciudadanas fuertes comprometidas a la idea del procomún y el bienestar público, los sistemas de conocimiento abierto son vulnerables a la apropiación y, en última instancia, a la mercantilización por parte de las empresas capitalistas como es el caso del mismo Internet en la actualidad. El reciente fallo de la FCC en los Estados Unidos socavando la neutralidad de Internet es un gran avance en la privatización de lo que ha sido hasta ahora un procomún global de información equitativamente accesible.

Una economía en la que el conocimiento es un bien común al servicio de fines sociales requiere las correspondientes instituciones sociales y económicas que movilizarán los conocimientos para la realización de estos fines. El funcionamiento de una economía social del conocimiento depende en última instancia de las instituciones sociales y económicas que encarnan los valores del procomún, la reciprocidad y la asociación libre, abierta y democrática que son prerrequisitos para la consecución de los fines sociales. En pocas palabras, una economía social del conocimiento se asienta en última instancia en los valores de la economía social.

Ramírez lo señala de esta forma:

“Existen académicos que desde la torre de marfil intentan hacernos creer que se puede separar el mundo de la razón y las ideas del mundo de lo material y la economía política que existe a nivel global. Esto no sólo evidencia la falta de comprensión de lo que pasa actualmente en nuestro planeta sino la ausencia de realismo político para buscar una verdadera transformación social”. [4]

Así como el capitalismo cognitivo depende de los apoyos institucionales múltiples suministrados por la política del gobierno, la legislación, la ideología de libre mercado, y el poder colectivo de las empresas y las instituciones que los atienden, más aun lo hace la economía social del conocimiento, que requiere las correspondientes instituciones cívicas y económicas que puedan apoyar y salvaguardar el valor de los bienes comunes, del beneficio colectivo, de los mercados abiertos y accesibles y del control social sobre el capital. Estas instituciones cívicas están conformadas como empresas democráticas, de las redes entre pares, de organizaciones no lucrativas y organizaciones de servicio comunitario, de pequeñas y medianas empresas de apoyo mutuo y de la sociedad civil y la propia economía social. Son estas estructuras sociales y económicas, con base en los principios de reciprocidad y de servicio a la comunidad, quienes mejor pueden utilizar el conocimiento como un bien común y salvaguardar su futuro como un recurso indispensable para el bien público y el bienestar de la humanidad en su conjunto.

La identificación de estas instituciones y de las políticas públicas necesarias para su desarrollo y crecimiento es el objetivo general de esta investigación.

Discusión: PI y patentes impiden y retrasan la innovación

Por George Dafermos:

Derechos de propiedad intelectual y su supuesto rol en el capitalismo cognitivo

“Las economías de conocimiento capitalista utilizan los derechos de propiedad intelectual (PI) como medida para cercar el conocimiento y como mecanismo mediante el cual se realiza la extracción de rentas monopolizadas del conocimiento, el cual se ha privatizado por este medio. Esto se justifica ideológicamente de la siguiente forma: los derechos de PI exclusivos proveen incentivos para que individuos o compañías se involucren en la investigación y desarrollo de nuevos productos y servicios. Es decir, promueven la innovación: la expectativa de una explotación rentable del derecho exclusivo supuestamente fomenta a los agentes económicos a encaminar sus actividades hacia proyectos innovadores, de los cuales la sociedad se beneficiaría (p. ej. Arrow 1962). ¿Pero es esta realmente una descripción acertada de la función de los derechos de PI en las economías de conocimiento capitalista? ¿Realmente incentivan a la innovación?

Una sinopsis de la evidencia empírica sobre el efecto que tienen los regímenes de propiedad intelectual exclusiva en la innovación y productividad

Para responder esta pregunta, es instructivo revisar la información empírica disponible sobre el efecto que los derechos de PI exclusivos tienen en la innovación y productividad tecnológica. En el caso de Estados Unidos, es un indicio de una economía de conocimiento capitalista en la cual el flujo de patentes se ha cuadruplicado en los últimos 30 años: en 1983 la Oficina de Patentes de Estados Unidos otorgó 59.715 patentes, el número incrementó a 189.597 en 2003 y 244.341 en 2010 (Oficina de Patentes de Estados Unidos 2013). Al mirar estas cifras nace una pregunta: ¿de qué forma el incremento dramático de patentes otorgadas por la Oficina de Patentes de Estados Unidos durante este transcurso del tiempo ha impactado a la innovación y productividad tecnológica en Estados Unidos? De acuerdo al Buró de Estadísticas Laborales, el crecimiento anual de productividad total de factores en la década 1970-1979 fue de alrededor de 1,2%, mientras que las dos décadas siguientes cayó por debajo de 1%. En el mismo periodo, el gasto para investigación y desarrollo era de alrededor de 2,5% del PIB. En resumen, lo que vemos es que el incremento dramático de patentes no es paralelo al incremento de productividad o innovación. Sin importar qué indicador de productividad o innovacion usemos en el análisis, nos lleva invariablemente a la conclusión que ‘no hay evidencia empírica que estas [patentes] sirvan para incrementar la innovación y productividad, a menos que la productividad [o innovación] sea identificada por el numero de patentes concedidas’ (Boldrin y Levine 2013 p. 3; además, ver Dosi et al. 2006).

Otro argumento a menudo usado por proponentes de derechos exclusivos de PI como defensa de las patentes es que estas promueven la comunicación de ideas y esto a su vez fomenta la innovación. Ellos expresan que si no existieran las patentes, los inventores tratarían de mantener sus ideas en secreto para que los competidores no las copien (p. ej. Belfanti 2004). Desde ese punto de vista, la solución para el problema es un arreglo comercial entre el inventor y la sociedad: el inventor revela su innovación y la sociedad le concede el derecho exclusivo de explotarla usualmente por los siguientes 20 años. Por ende, dice el argumento, a medida que las patentes reemplacen los secretos comerciales, dañinos para la sociedad, estas promoverán la difusión de ideas e innovaciones (Moser 2013, pp. 31-33). Sin embargo, en realidad, las patentes tienen el efecto completamente opuesto: promueven la ignorancia y falta de comunicación de ideas. En lo que ahora se considera una práctica normal, ‘las compañías típicamente instruyen a sus ingenieros de desarrollo de productos que eviten estudiar las patentes existentes para así evitar futuros reclamos de infracción intencional, lo cual aumenta la posibilidad de tener que pagar daños triples’ (Boldrin & Levine, 2013, p. 9; Brec 2008). Incluso si esto no fuera siempre el caso, la manera en la cual las patentes estan escritas en la actualidad las hace incomprensibles para todos excepto los abogados (Brec 2008; Mann & Plummer, 1991, pp. 52-53; Moser 2013, p. 39).

La verdadera función de los derechos de propiedad intelectual en el capitalismo cognitivo:

¿Cómo son utilizados realmente por las empresas capitalistas? El uso real de las patentes por parte de las empresas realmente desmiente por sobre todo el supuesto efecto positivo de las patentes en la innovación y la creatividad. En una economía de conocimiento capitalista, las patentes se usan mayormente como referentes para (a) indicar el valor de la empresa a posibles inversionistas, (b) prevenir la entrada al mercado por otras empresas (para mantener un valor estratégico independientemente de que si se comercializan productos rentables) y (c) como armas en una carrera de armamentos para prevenir o disminuir ataques legales de otras empresas (ref. Boldrin & Levine, 2013; Cohen et al., 2000; Hall & Ziedonis, 2007; Levin et al., 1987; Pearce, 2012). Es muy difícil ver cómo estas aplicaciones de las patentes podrían ser consideradas como productivas.

Por el otro lado, hay multitudes de casos en que el efecto de las patentes en la innovación y productividad ha sido sin duda muy dañino. Por ejemplo, Microsoft actualmente usa una patente (No. 6370566) relacionada con la organización de calendarios para reuniones, con el objetivo de imponer un derecho de licencia en los dispositivos Android (Boldrin & Levine 2013; Brodkin 2011; Mueller 2012a, 2012b; Protalinski 2010; Wingfield 2010). En este caso, las patentes se convierten en un mecanismo para poder compartir las ganancias sin participar en el proceso de innovación. Así, las patentes desaniman el proceso de innovación y constituyen un desperdicio para la sociedad. Curiosamente, hace poco tiempo Bill Gates (1991), el fundador de Microsoft, postuló que “si la gente hubiera entendido cómo se concedían las patentes cuando la mayoría de las ideas que tenemos hoy en día fueron inventadas, y hubieran solicitado patentes, la industria estaría completamente detenida hoy en día (…) Un emprendimiento futuro sin sus propias patentes tendría que pagar cualquier precio que deseen imponer las empresas gigantes”. Es muy irónico que Microsoft, sin poder penetrar el mercado de las tecnologías de teléfonos, celulares, ya está amenazando con litigios sobre patentes para reclamar una porción de las ganancias de Google.

Por la manera en que se usan las patentes en las economías de conocimiento capitalista, es obvio que ‘a la larga (…) las patentes reducen los incentivos para la innovación actual porque los innovadores actuales se someten constantemente a acciones legales y demandas por derechos de licencia por los dueños de las patentes previas’ (Boldrin & Levine 2013, p. 7). Esto se vuelve rápidamente comprensible debido a que la innovación tecnológica es esencialmente un proceso cumulativo (Gilfillan 1935, 1970; Scotchmer 1991): Las tecnologías cumulativas son aquellas que sirven como una base para las siguientes innovaciones: por ejemplo, la máquina de vapor (Boldrin et al 2008; Nuvolari 2004), pero también los automóviles híbridos, computadores personales (Levy 1984), el World Wide Web (Berners-Lee 1999), YouTube y Facebook.

Si las patentes en el mejor de los casos no repercuten y en el peor de los casos perjudican la innovación tecnológica y productividad (Dosi et al 2006), ¿cómo sería posible explicar (especialmente del lado de los políticos) el aumento histórico de las patentes y la expansión de las leyes relacionadas con PI? Muchos analistas han tratado el tema. Su conclusión ha sido un poco inquietante: la verdadera razón a través de la proliferación de las patentes y la expansión de las leyes PI es debido a la influencia política de las grandes empresas que no logran mantenerse actualizadas con los nuevos competidores y que utilizan las patentes para fortalecer sus monopolios (Boldrin & Levine 2013; Drahos & Braithwaiter 2002).

Discusión: El rol de los pueblos indígenas y el conocimiento (neo) tradicional

Argumentos para el rol específico del conocimiento (neo) tradicional y los puebos indígenas, en una transición social del conocimiento.

Adoptando y adaptando el concepto del Buen Vivir, cual originó dentro de las comunidades tradicionales como una inspiración para una política de un estado nacional contemporáneo, Ecuador ha traído una innovación importante en el hecho de desarrollar políticas. Enfoques tal como este de la neotradicional, si están basados en diálogo mutuo, son muy importantes para una transición hacia una economía del conocimiento común. En la siguiente parte, postulamos la importancia de esta transición.

  • Argumento principal: la inmaterialidad del procomún de las eras tradicional y posindustrial

No es muy difícil postular que las sociedades modernas industriales se dominan por un paradigma materialista. Lo que existe para una conciencia moderna es una realidad física, lo que promueve la economía es la producción de los productos materiales, y la felicidad está basada en la acumulación de los bienes para consumirlos. Para la sociedad elitista, el poder se deriva de la acumulación de los bienes financieros y industriales. El crecimiento infinito es la filosofía principal del capitalismo, y se hace necesario por el diseño del sistema monetario, donde los fondos se crean como deudas bancarias con intereses.

Al otro lado, esto no es el caso con las sociedades tradicionales basadas en la agricultura. En sociedades como aquellas, se tiene que producir para poder comer y la propiedad y fuerzas militares son necesarias para colectar los impuestos, pero no se puede decir que la meta es la acumulación de bienes. Sociedades como las del tipo feudal eran basadas en las relaciones humanas que constaron de las obligaciones mutuas. Por supuesto en su carácter son muy desiguales pero se encuentran no obstante muy fuera de las formas propietarias impersonales y sin obligaciones que trajo el capitalismo, donde existen pocos impedimentos para los bienes y el capital en circular libremente.

En estas sociedades postribales aunque aún premodernas, tanto como la sociedad elitista como los trabajadores, están unificados por la búsqueda para la salvación o algún valor espiritual similar como la búsqueda de iluminación, etc. La institución es encargada de la organización de aquella búsqueda, como la Iglesia durante la Edad Media o la Sangha en Asia Sudeste, que es la organización determinante para la reproducción social del sistema. El tributo viene de la población en el sector agrícola hacia la clase propietaria, pero la clase propietaria se encuentra en un seguimiento de dos lados: mostrar su estatus a través de festividades, donde se quema la sobreabundancia; y regala a las instituciones religiosas. Por estos medios se obtiene la salvación/iluminación. Cuanto más uno regala, más gana en su estatus espiritual. Un estatus social sin estatus espiritual es mal visto por estas clases de sociedades. Debido a esto las instituciones religiosas como la Iglesia y la Sangha se encuentran con tanta propiedad. Al mismo tiempo, durante su época estas instituciones se responsabilizaron por el bienestar y la seguridad social, y aseguraron que los recursos regresaran a los pobres durante periodos de emergencias sociales y naturales.

En la época actual, marcado por el constante deterioro de los ecosistemas, se está pasando por un cambio fundamental y necesario hacia la inmaterialidad.

Aquí están solo algunos de los hechos y argumentos para ilustrar mi justificación para un cambio hacia un enfoque en la inmaterialidad dentro de nuestras sociedades.

La élite capitalista cosmopolita se ha transformado por mucho tiempo en una sociedad basada en el capital financiero. En esta forma de actividad, los bienes financieros han sido movilizados constantemente hacia donde las ganancias sean mayores, lo que convierte a la actividad industrial en una actividad secundaria. Cuando miramos al valor financiero de las corporaciones, solo una fracción de este es determinada por los bienes materiales de dichas corporaciones. El resto del valor, normalmente llamado “la buena voluntad”, es determinado por los bienes inmateriales de la dicha corporación, por ejemplo su especialización y inteligencia colectiva, el peso de la marca, y la confianza en el presente y las futuras ganancias que se pueden generar.

Los bienes materiales más valiosos, como por ejemplo los zapatos de Nike, muestran una calidad similar, solo el 5% del valor de las ventas se pueden determinar por los costos de la producción física. Lo demás del valor se genera por la marca: el costo para crearla y el valor de la sobreabundancia creado por los consumidores mismos.

El cambio hacia un enfoque inmaterial también se manifiesta en una forma sociológica, por ejemplo a través de la labor de Paul Ray sobre la creatividad cultural, y de Ronald Inglehart sobre el cambio hacia valores y aspiraciones posmateriales.

Para poblaciones que han pasado por más de una generación dentro de una seguridad material, el sistema de valores cambia otra vez hacia la búsqueda para el conocimiento, y las experiencias culturales, intelectuales y espirituales. No todos y no en todo momento, pero cada vez más, especialmente para la sociedad de elitistas culturales, o “la clase creativa” como es descrita por Richard Florida, quien es también responsable de la creación clave de valores en el capitalismo cognitivo.

Un argumento más se puede mencionar dentro el contexto del capitalismo cognitivo. En este modelo de nuestra economía, el modelo actual dominante como se refiere a la creación de valores, la sobreabundancia clave se realiza a través de la protección de las propiedades intelectuales. Las compañías occidentales dominantes pueden vender los bienes a precios de 100 hasta 1.000 veces su valor de producción, a través de las rentas impuestas por los estados y la OMC. La inmaterialidad de tales bienes promueve los flujos económicos aunque se requiere la creación de escasez ficticia por el aparato legal.

Hemos postulado anteriormente que este modelo está socavado por las infrastructuras emergentes de la producción, la distribución y el consumo de los bienes inmateriales y culturales, que efectivamente hace que la escasez ficticia no sea sostenible a largo plazo. La creación del valor inmaterial ya está escapándose del mercado. Mientras necesitamos una transición hacia un enfoque en el valor inmaterial, también se crean contradicciones muy fuertes en la economía política actual, la cual es unas de las principales razones que tenemos para creer que un cambio hacia una economía social del conocimiento es absolutamente necesario.

  • El segundo argumento: el carácter del transmodernismo posdeconstructivo

La sociedad industrial, con sus modelos culturales y mentales, está claramente en oposición a la tradición. Las estructuras anteriores no deben persistir: la religión se ve como superstición, la comunidad se ve como represiva a la individualidad, y la tradición se ve como un obstáculo en el progreso de los individuos dinámicos. Hace del modernismo al mismo tiempo una fuerza constructiva para todo lo nuevo que se puede establecer dentro de una sociedad, pero también es una fuerza destructiva en contra de miles de años de valores tradicionales, estilos de vida y organización social. Trata de despojar a los individuos de una comunidad integral, reemplazándola con instituciones disciplinarias y relaciones basadas en la mercancía.

La consecuente fase posmodernista es una reacción cultural (y también una estructural porque es una expresión de la reorganización capitalista) contra la modernidad y el modernismo. El posmodernismo es sobre todo un movimiento deconstructivista. Contra toda “reificación” y “esencialización”, lo relativiza todo. Ninguna entidad, ningún individuo es independiente, todos somos fragmentos que forman parte de ámbitos infinitos. A través del juego infinito, el “dividuo” fragmentado tiene a su disposición un infinidad de elementos constructivos que se pueden recombinar de infinitas maneras. El lado positivo de esto es que mientras nos libera de los marcos ficticios de la creencia y significado, también abre de nuevo las puertas hacia el pasado y la tradición. Todo lo que es usable es reusable, y la guerra contra lo tradicional se acaba, para vaciar un espacio para la reapropiación pragmática. Sin embargo, como el término indica por sí mismo, el postmodernismo puede ser la primera fase de la crítica y la reacción contra la modernidad y modernismo, estando en relación con ellas al menos en su reacción con todo asociado con lo moderno. Es deconstructivo, una regresión social del ego colectivo que solo puede tener su máximo significado terapéutico si es seguido por una fase reconstructiva. Puede llamársele transmodernismo, que va más allá de la modernidad y modernismo. En esta nueva fase, la tradición se puede apropiar como un objeto, pero requiere un diálogo entre iguales con comunidades tradicionales. Son vitales porque ya tienen las herramientas requeridas para poder sobrevivir y florecer en una edad posmaterial.

  • El tercer argumento: la naturaleza problemática de tradición inalterada

Usar o retornar a una tradicion espiritual premoderna para obtener la inspiracion transmoderna no es un camino libre de problemas y peligros: puede muy fácilmente transformarse en una búsqueda reaccionaria, un intento fútil para regresar a una era dorada que ha existido únicamente en la imaginacion.

El problema central es que muchas tradiciones espirituales ocurrieron dentro de un contexto de sistemas politicos y economicos explotativos. Aunque la explotacion fue diferente, la mayoría de espiritualidades tradicionales y sus instituciones se desarrollaron en sistemas basados en tributo, esclavitud, o servidumbre. Estos sistemas usualmente combinaban una poblacion campesina desfavorecida, una clase guerrera u otro tipo de clase dirigente, en la cual la Iglesia o Sangha tradicional tenían un papel crucial por su reproducción social. Por ejemplo, el Budismo llegó a ser aceptable por la sociedad de ‘tendencias dominantes’ de su tiempo cuando aceptó excluir esclavos. A pesar de su potencial democrático-radical, fue impuesto por la estructura de autoridad feudal que reflejaba la sociedad de la cual formaba parte. Estas espiritualidades estan cargadas de patriarcado, sexismo, y otros puntos de vista y tratos profundamente desiguales hacia los seres humanos.

Aunque la lógica era completamente diferente al capitalismo, estas formas de explotación, y su justificación por ciertos grupos o instituciones religiosos o espirituales, deberían comprobar que es completamente inaceptable para la conciencia contemporánea (post/transmoderna). Tal vez un enfoque simétrico pero igualmente problemático sería el eclecticismo puro que puede ser el resultado de de la conciencia postmoderna, en el cual partes individuales de cualquier tradición son simplemente robadas y recombinadas sin ningún entendimiento serio de los diferentes esquemas. Otro problema que vemos es el siguiente: las tecnologías de comunicación contemporáneas, y viajes y comercio globalizados y la unificación del mundo bajo el capitalismo, han creado la promesa de una gran mezcla de civilizaciones. Aunque el contacto e intercambio fueron siempre una realidad, esta era lenta, y diferentes esferas civilizadoras realmente existieron, lo cual creó realidades culturales y psicológicas individuales profundamente diferentes. Ser cristiano o budista significaba tener orientaciones hacia la vida y la sociedad profundamente diferentes (a pesar de las similitudes estructurales en la organización religiosa o espiritual). Pero una parte creciente de la población humana, sino toda, está expuesta actualmente a los valores bases de las otras esferas civilizacionales. Por ejemplo, nociones del Este Asiático han impactado ya similarmente la conciencia Occidental. En este contexto, el arraigamiento personal en las tradiciones culturales y espirituales no pueden ya ser separadas con una visión cosmopolita global y un diálogo continuo con puntos de vista y esquemas originados en otro lugar. Redes de afinidad global crecientes están ganando tanta importancia como las asociaciones locales con respecto a la influencia en individuos y su formación de identidad.

  • Cuarto argumento: el camino hacia el desarrollo diferencial posindustrial

Creo que sería justo decir que capitalismo contemporáneo es una máquina para crear homogeneidad mundial, y que este no es un resultado óptimo, ya que destruye la biodiversidad cultural. En su estado presente, el cual fue severamente afectado por la caída financiera actual la cual combina la globalización, el neoliberalismo y la financiarización, es también un aparato enorme de coerción. Este socava la supervivencia de la agricultura local y crea un flujo enorme hacia las ciudades; destruye antiguas formas sociales como la familia ampliada, y afecta severamente la cultura tradicional. Por supuesto, no se quiere implicar que todo cambio o transformación sea negativo, sino más bien reiterar que elimina la libertad de muchos que tomarían diferentes opciones, como por ejemplo aquellos a quienes les gustaría quedarse en la aldea local.

Es aquí que medidas neotradicionales ofrecen esperanza y potencial reales. En vez de importación al por mayor de hábitos y tecnologías globales, para las cuales la sociedad no ha sido preparada y es vista como un injerto extranjero, ofrece un camino alternativo para escoger qué es aceptable y qué no lo es, y construir un camino a escala local hacia un desarrollo posindustrial.

Nos recuerda del concepto de Gandhi sobre Swadeshi y la tecnología apropiada. Gandhi rechazó la alta tecnología del occidental que no estaba adaptada para la mayoría de los casos locales, pero también rechazó el agrarianismo tradicional antiguo que jamás evolucionó. En cambio, Gandhi promovió el concepto de la tecnología apropiada, que era un nivel intermedio que germinó desde la situación local, y además adoptó la ciencia y la tecnología moderna y los conocimientos necesarios para poder crear nuevas herramientas adaptadas para la situación local, pero que no obstante era capaz de aumentar los niveles de productividad.

La economía neotradicional puede adoptar un enfoque similar que no es determinado por la tecnología, pero hecho para la totalidad de las opciones políticas y sociales. De esta manera, en harmonía con los valores locales, se pueden escoger estos aspectos que aumentan la calidad de vida pero no subvierten los estilos de vidas y las normas sociales elegidos. Se presenta un nuevo acercamiento que combina la alta tecnología del conocimiento técnico globalizado con los elementos de la cultura local. Por ejemplo, se puede imaginar las aldeas locales adaptando técnicas para la producción de menor escala basadas en los últimos avances en la miniaturización y la flexibilización de las tecnologías de la producción, que se conectan globalmente con las redes del conocimiento.

  • Quinto argumento: adaptándose a economías estables en la edad de la biosfera amenazada

La esencia del capitalismo es crecimiento infinito, haciendo dinero con dinero e incrementando el capital. Un sistema de crecimiento infinito no puede mantenerse infinitamente con recursos limitados en un ambiente físico limitado. El sistema global de hoy en día combina una visión de pseudoabundancia, la visión errónea de que la naturaleza puede darnos recursos ilimitados y que es un basurero infinito, con pseudoescasez, la creación artificial de escasez en los campos de intercambio intelectual, cultural y científico, a través de derechos de propiedad intelectual exagerados y siempre en crecimiento, lo cual limita la innovación y la cooperación libre.

Para ser sustentables, nuestra civilización humana y la economía política en desarrollo necesitan revertir esos dos principios. Esto significa que antes que nada necesitamos una economía estable, la cual solo puede crecer al grado que la naturaleza puede reciclar, para no gastar todo el potencial natural. Y requiere la liberación de intercambio y compartir el conocimiento técnico y científico con comunidades globales abiertas a la innovación para que toda la inteligencia colectiva de la humanidad pueda ser dirigida a problemas complejos.

La primera transformación está ligada cercanamente a nuestro sistema monetario contemporáneo y respuestas alternativas pueden ser encontradas en la concepción tradicional de riqueza de sociedades preindustriales.

Por ejemplo, las religiones tradicionales asociadas con sociedades basadas en la agricultura y sistemas de producción, prohibían los intereses. Hay una buena razón para esto: cuando alguien otorga un préstamo con intereses, esos intereses no existen, y el que toma prestado tiene que encontrar el dinero en otro lugar. En otras palabras, para pagar de regreso los intereses, él tiene que empobrecer a alguien más. Esto por supuesto, sería extremadamente destructivo en una sociedad estática y por lo tanto nadie permitirá que pase, lo cual explica la prohibición religiosa en contra de los intereses.

Sin embargo, en sociedades modernas capitalistas, se ha encontrado una solución: crecimiento. Mientras que el pastel siga creciendo, los intereses pueden ser obtenidos del pastel en crecimiento. El problema, sin embargo, es que tal sistema monetario requiere un crecimiento infinito. Los negocios estáticos son imposibles, debido a que esto significaría que no pueden pagar de regreso los intereses.

Esta es solo una de las conexiones entre los desafíos transmodernos y el valor de sistemas tradicionales y religiosos enraizados en la época premoderna, como la economía budista, y por supuesto, las tradiciones del “Buen vivir”.

Podríamos usar otros ejemplos: por ejemplo, la agricultura química moderna destruye la calidad de la tierra y la vacía, por lo que aquí también las practicas premodernas tradicionales se vuelven interesantes nuevamente. Sin embargo, como discutimos en el tercer argumento, y refinamos en el cuarto argumento: debido a que la tradición es también problemática, no puede solamente ser copiado, solo puede ser usado en una manera crítica.

Un ejemplo de una manera crítica es el movimiento de tecnología apropiada. En este movimiento, se reconoce que la tecnología tradicional como tal es insuficiente, que la tecnología hipermoderna es con frecuencia inapropiada en ambientes más tradicionales y que por lo tanto una práctica intermedia es necesaria, la cual está al mismo tiempo enraizada en tradiciones (la realidad de la situación local) pero también en la modernidad, el uso creativo de soluciones tecnológicas y pensamiento, para crear un nuevo tipo de desarrollo tecnológico apropiado.

  • Conclusión: ¿Acaso es posible la filosofía de la unión de una economía de conocimiento social con maneras neo-tradicionales?

Con el surgimiento de la economía de conocimiento social y la producción entre pares basada en el bien común, así como prácticas como manufactura abierta y distribuida, una nueva alianza se vuelve posible: entre las comunidades de diseño abierto más tecnológicamente avanzadas y la mayoría de la gente que están todavía fuertemente relacionadas con prácticas tradicionales. A través de esta alianza, que combina el mandato tradicional con una economía estable en armonía con las posibilidades naturales, un futuro posindustrial diferente puede ser creado, el cual evita las practicas destructivas de la era moderna industrial, y pueda crear un futuro con “tecnología apropiada” donde más comunidades tradicionales pueden decidir más libremente a que adaptarse y a que oponerse,mientras que por otro lado, las comunidades de diseño abierto transmodernas pueden aprender de la sabiduría de las formas tradicionales. Una alianza como esta necesita un vehículo ideológico y el “Buen vivir” es su expresión.

El papel potencial de las licencias recíprocas basadas en el bien común para proteger el conocimiento tradicional

Licencias basadas en la reciprocidad para el conocimiento tradicional

Hoy en día, las comunidades indígenas y otras comunidades que desean compartir su conocimiento para el bien del resto de la humanidad están de alguna manera en un dilema moral. Si ellos comparten su conocimiento sin ninguna protección IP, o si ellos comparten su conocimiento usando las licencias abiertas clásicas del movimiento de software libre, como la Licencia General Pública (GPL), ellos permiten de manera intrínseca la entrada de cualquier fuerza del exterior, incluidas las corporaciones multinacionales monopólicas, y ellos podrían no beneficiarse de la riqueza generada de sus contribuciones

Por otro lado, si ellos usan una licencia como la Creative Commons No Comercial, ellos permiten compartir, y el esparcimiento de los beneficios a través del conocimiento compartido, pero también reducen el potencial de desarrollo económico basado en tal conocimiento.

Finalmente, el no compartir el conocimiento en lo absoluto prevendría que la humanidad se beneficie de nuevas medicinas potenciales que podrían salvar millones de vidas humanas.

Es por lo tanto importante introducir en el debate la posibilidad de licencias abiertas basadas en la reciprocidad.

Vamos primero a resumir el problema tal y como ha evolucionado en economías basadas en software libre, diseño y hardware abiertos. Estos campos están dominados por licencias completamente abiertas como la GPL, las cuales permiten a cualquier persona usar el código, pero obligan a aquellos que modifican el código el añadir estas modificaciones al repositorio común para que todos se beneficien de ellas. Mientras que esto ha llevado a un crecimiento exponencial de software libre y abierto, también ha llevado este nuevo modelo de producción abierta por pares basada en el bien común a un desarrollo económico dominado por grandes compañías. Así, tenemos la paradoja que las licencias que permiten compartir completamente, en la práctica promueven la acumulación de capital. En la esfera cultural, una de las respuestas para esto es la invención de la licencia de bienes creativos no comercial, Creative Commons. Este tipo de licencias le permiten a cualquiera usar y reproducir el producto cultural con la condición de que no se intente o realice obtener un lucro comercial. Esta solución genera dos problemas. El primero es que la licencia no crea un bien procomún, solamente una escala para compartirlo determinada por el productor del producto cultural; en otras palabras, no existe una creación procomún del repositorio del procomún. El segundo es que prohibe un desarrollo económico basado en el trabajo protegido.

¿Existe acaso una alternativa a este acertijo? Dmytri Kleiner ha propuesto una licencia de producción por pares (PPL), la cual ya ha sido discutida por las comunidades de agricultores abiertos como “Adabio Autoconstruction” en Francia. La PPL básicamente permite a las entidades contribuyentes usar libremente el repositorio común de conocimiento, código, y diseño, pero demanda una cuota para las compañías con fines de lucro que desean utilizar el mismo fondo común para la generación de lucro privado. Aquí hay varias ventajas. Una es que el flujo de dinero de las compañías del sector privado sea puesto en dirección del bien común; la segunda es que el desarrollo económico no está prohibido, sino simplemente condicionado por la reciprocidad; finalmente, existe una posibilidad adicional que aquellas entidades que firmen para obtener la licencia y los fondos comunes que protege, podrían crear una poderosa coalición de emprendedores basada en principios éticos.

Mientras que el lenguaje preciso de la actual PPL puede no ser apropiado para las comunidades indígenas y tradicionales, abre la posibilidad de crear licencias abiertas basadas en la reciprocidad adaptadas para el conocimiento tradicional.

Esto ofrecería varias ventajas:

​1) las comunidades tradicionales estarían dispuestas a compartir y así el conocimiento beneficiaria a toda la humanidad;

​2) permitiría el desarrollo económico basado en ese conocimiento;

​3) la reciprocidad acordada beneficiaría y generaría beneficios para las comunidades tradicionales;

​4) los miembros de las comunidades tradicionales podrían por sí mismos volverse activos en la económia solidaria a través de entidades de mercado ético que están basadas en el uso de tales licencias;

​5) las comunidades tradicionales y sus propias entidades de mercado éticos pueden unirse en coaliciones de emprendedores usando el mismo fondo común;

​6) estas comunidades tradicionales podrían unirse con otros mercados éticos en otras partes del mundo, confiados en los valores y principios comunes preservados en las licencias abiertas basadas en la reciprocidad.

Discusión: aspectos de género

Existe una similitud estructural impresionante entre el papel de la mujer en el sector de la “contribución” doméstica y la situación estructural de producción por pares (como una economía de conocimiento social realmente existente) en la economía dominante.

Las mujeres contribuyen más que los hombres para el cuidado de los bienes de la familia, y la mayoría de las veces (o casi siempre) este trabajo es realizado sin remuneración alguna. Los contribuyentes de los bienes comunes con frecuencia también ofrecen gratuitamente sus contribuciones al bién común. Si las mujeres desean proteger su propia reproducción y un lugar más justo en la familia, tienen que encontrar trabajo en la interconexión de capital y labor, tal y como los otros compañeros productores en la economía de conocimiento social. Hoy en día ni la economía de cuidado domestico ni la producción de conocimiento social permiten la autoreproducción de sus autores.

Aunque muchos problemas estructurales para lograr la equidad dentro de la familia han sido removidos, son con frecuencia los problemas culturales que determinan que las mujeres están produciendo más tareas domesticas que sus parejas hombres. De manera similar, en una economía de producción entre pares, aunque es estructuralmente abierta a todos para participar, esta es con frecuencia dominada por hombres y estas culturas dominadas por hombres no sólo crean inercia sino también obstáculos reales para la participación de las mujeres.

Esto demuestra que la transición de una economía de conocimiento social debe estar acompañada por políticas fuertes que solucionen las condiciones estructurales de la mujer en la sociedad y la economía. Y dentro de las comunidades existentes que produce conocimiento social, las fuerzas que promueven la equidad de género deben ser promovidas, y los elementos estructurales y culturales que mantienen la inequidad de género deben ser frenados. No es suficiente para un proyecto transicional el simplemente permitir la participación de la creación y uso del conocimiento social, debe también promover la participación equitativa de todos los ciudadanos, y crear las condiciones para que esto se lleve a cabo. Si fallamos esto puede resultar en el efecto opuesto, la creación de inequidades adicionales debido a la falta de participación de la mujer en la economía de conocimiento social.

Presentación de la nueva configuración entre el Estado, la sociedad civil y el mercado

Lo que podemos aprender de la economía social del conocimiento ya existente

La economía social del conocimiento no es una utopia o solo un proyecto para el futuro. Tiene sus raíces en una ya existente práctica social y económica de bienes comunes orientados a la producción entre pares, la cual ya esta produciendo un procomún del conocimiento, código y diseño, y ha producido economías reales como la economía del software libre, la economía de hardware abierto, etc. En su más amplia interpretación, refiriendose a todas las actividades económicas que están emergiendo alrededor del conocimiento social y abierto, es posible que ya haya alcanzado 1/6 del GDP en los EE. UU. empleando a 17 millones de trabajadores, según el informe económico basado en la doctrina del Fair Use.

Mucho se sabe sobre las estructuras microeconómicas de este modelo económico emergente, el cual puede resumirse de la siguiente manera:

  • En el centro de este nuevo modelo de valor se encuentran las comunidades contribuyentes, conformadas por labor remunerado y no remunerado, creando repositorios de procomunes: conocimiento, código y diseño. Estas contribuciones están habilitadas por las infraestructuras de colaboración de producción y un soporte legal e infraestructura institucional, que permite y empodera las practicas colaborativas.
  • Estas infraestructuras de cooperación, es decir técnica, organizacional e infraestructura legal, están muy a menudo habilitadas ciertamente en el mundo del procomún del software libre, por fundaciones de gestión democrática a veces llamadas Fundaciones FLOSS, o mas genéricamente ‘Asociaciones benéficas’ que pueden crear depósitos de código, proteger contra las infracciones de las licencias abiertas y de compartir, organizar campañas de recaudación de fondos para la infraestructura, y organizar el conocimiento compartiéndolo a través de conferencias locales, nacionales e internacionales. Están estableciendo un mecanismo de protección.
  • Finalmente, los proyectos exitosos crean una economía alrededor de repositorios comunes basada en la creación de productos de valor añadido y servicios que estan basados en los repositorios comunes, que también contribuyen a este. Esto es hecho por empresarios y negocios que operan en el mercado, y son más a menudo empresas con fines de lucro creando una ‘coalición empresarial’ alrededor de los repositorios comunes y de las comunidades contribuyentes. Ellos contratan a los desarrolladores y diseñadores como trabajadores generando sustento de vida para ellos, y también apoyan la infraestructura técnica y organizacional, incluyendo también la financiación de las Fundaciones.

Sobre la base de estas experiencias genéricas microeconómicas es posible deducir también las estructuras macroeconómicas adaptadas, las cuales consistirían en una sociedad civil que se compone principalmente de las comunidades de contribuyentes, creando bienes comunes que pueden compartirse; de una nueva forma de estado socio, que permite y faculta a la producción social en general, y crea y protege las infraestructuras cívicas necesarias; así como de una coalición empresarial la cual comercializa y genera fuentes de sustento.

La nueva configuración

En la vieja visión neoliberal, el valor es creado en el sector privado por los trabajadores movilizados por el capital, el Estado se convierte en un estado de mercado para proteger los intereses privilegiados de los propietarios, y la sociedad civil es una categoría restante derivada, como se evidencia en el uso de nuestro idioma (p. ej.: sin fines de lucro, no gubernamental). Sin embargo, la combinación de los movimientos de derechos laborales y cívicos ha logrado parcialmente la socialización de los mercados, logros que están ahora bajo amenaza.

En la nueva visión del capitalismo cognitivo, la cooperación social en red se compone en su mayoría de actividades no remuneradas que se pueden capturar y financializar en plataformas de ‘red’ propietarias. Las plataformas de redes sociales capturan casi exclusivamente el valor del intercambio social de sus miembros, y el trabajo distribuido como crowdsourcing a menudo reduce el ingreso promedio de los productores. En otras palabras, la versión ‘netárquica'[5] de la producción en red crea un precariado permanente y refuerza las tendencias neoliberales.

En la visión contraria de una economía y sociedad basadas en conocimiento común abierto, el valor es creado por los ciudadanos, pagados o voluntarios, que crean repositorios abiertos y comunes del conocimiento coproducidos y activados por un Estado Socio, el cual crea las condiciones adecuadas para que dicho conocimiento abierto emerja, así como coaliciones emprendedoras preferentemente éticas que crean valor y servicios de mercado basadas en el procomún, las cuales también coproducen. La visión ideal de una economía del conocimiento común y abierto ​​es una en la que los productores (entre pares) del procomún (la forma de trabajo de la sociedad del conocimiento en red), no sólo cocrea los respositorios comunes de los que toda la sociedad se beneficiará, sino que también crea sus propios medios de vida a través de la empresa ética y de ese modo asegura no sólo su propia reproducción social, sino también que la plusvalía se mantenga dentro de la esfera de bienes comunes de cooperación. En esta visión, la economía social y solidaria no es una corriente paralela de la producción económica, sino el núcleo hiperproductivo e hipercooperativo del nuevo modelo económico.

Por ende, en esta nueva visión, la sociedad civil puede ser vista como una serie de productores del procomunes ciudadanos, repositorios comunes de conocimiento, código fuente y diseño; el mercado consiste preferentemente de actores de la economía cooperativa social y solidaria que integra el bien común en las estructuras organizacionales, y cuyos miembros que contribuyen con trabajo coproducen el procomún con contribuciones ciudadanas. Finalmente, en esta visión, el Estado Socio facilita y potencia dicha cooperación social, y crea las infraestructuras físicas y ciudadanas necesarias para que este florecimiento de la innovación y de la actividad económica y ciudadana ocurra.

El Estado Socio no es un estado neoliberal débil, que excluye la autoridad pública de sus funciones sociales, y conserva el estado del mercado y las funciones represivas como en el modelo neoliberal; tampoco es el Estado del Bienestar, que organiza todo para sus ciudadanos, sino que es un estado que se basa en el modelo de estado de bienestar, pero al mismo tiempo crea las infraestructuras físicas y cívicas necesarias para la autonomía social y para un modelo de producción cívica que combina los bienes comunes inmateriales cívicos y el emprendimiento cooperativo social y solidario.

El mercado y economía ética no es una economía paralela y débil que se especializa en sectores menos competitivos de la economía; al contrario, el mercado ético es el sector productivo central de la economía, que construye empresas fuertes en torno al conocimiento competitivo. Se encuentra, sin embargo, al servicio de la sociedad civil y construye el procomún del conocimiento abierto del cual dependen la sociedad y el comercio.

¿Por qué es este un escenario poscapitalista?

Las sociedades conducidas por el capitalismo producen valor de intercambio, el cual puede ser o no útil; y se esfuerzan continuamente por crear nuevos deseos y demandas sociales.

A modo de contraste, la economía basada en conocimiento común y abierto consiste de una sociedad civil productiva de contribuyentes, quienes aportan continuamente al procomún de su elección con base en sus motivaciones de valor de uso; es alrededor de este procomún de valor de uso que un mercado y economía éticos encuentran su razón de ser, y crean valor agregado para el mercado. El procomún es continuamente coproducido tanto por las contribuciones ciudadanas como por la fuerza laboral ética pagada desde el sector cooperativo/social. En este escenario, el principal impulsor es la esfera de abundancia de conocimiento disponible para todos, que no es un mercado conducido por la dinámica de la oferta y la demanda; sino por la abundancia inmaterial de bienes no rivales o incluso antirivales, que despliega un mercado de cooperativas y actores de solidaridad social que se suman y venden recursos escasos y valiosos en el mercado.

En el mismo escenario, el estado ya no es un estado-mercado neoliberal al servicio de los dueños de la propiedad, sino al servicio de la sociedad civil, a su procomún, y a la esfera de la economía ética. No está al servicio de la acumulación privada de capital, sino al servicio de la acumulación de valor y de la distribución equitativa de valor que toma lugar en el sector cooperativo-procomún. Se encuentra al servicio del buen vivir de sus ciudadanos, y del buen conocer que necesita para ello. En lugar de enfocarse en sociedades público-privadas que excluyen la participación de la sociedad civil, un estado socio que apoya al procomún promoverá el desarrollo de las asociaciones público-procomún o público-social. Cuando proceda, el Estado Socio analizará la posible comunalización de los servicios públicos, por ejemplo, siguiendo el modelo de Quebec e Italia del Norte en crear Cooperativas Solidarias para Asistencia Social, en las cuales el Estado facilita y regula la provisión directa de asistencia por organizaciones de la sociedad civil con sistemas de gobernanza distribuida (multi-stakeholder). Es muy probable que una vez que el Estado se comprometa a apoyar una economía ética ciudadana basada en el procomún en la esfera del conocimiento, se encargue además del desarrollo del procomún institucional en la esfera física, por ejemplo, desarrollando políticas de desarrollo de viviendas basadas en el procomún, que mantienen a la vivienda social fuera de la esfera especulativa. Una sociedad y estado que desean desarrollar un procomún en la esfera inmaterial del conocimiento, también buscarán la ampliación de la esfera de bienes comunes en otras esferas de la actividad humana.

Un ejemplo puede mostrar por qué esto puede ser a veces necesario. En la esfera de producción de software libre, casi todas las comunidades de conocimiento en software libre tienen su propia asociación de beneficiencia que facilita la cooperación, produce sus licencias, etc. Esto se debe principalmente a que la participación requiere de conocimiento y acceso a las redes que han sido socializados en gran medida en nuestras sociedades. Pero los desarrolladores de hardware abierto no han desarrollado tales asociaciones, y son más dependientes de las compañías que comercializan hardware. Esto es porque el hardware abierto requiere importantes recursos materiales que deben ser adquiridos en forma privada, lo que favorece a los dueños del capital y debilita la comunidad productiva que contribuye a los bienes comunes. En tal escenario, la idea de que los desarrolladores de hardware abierto puedan mutualizar sus medios de producción restablecería el equilibrio entre los desarrolladores y los dueños de las compañías. Nuestra ilustración también menciona la propiedad orientada al procomún y formas de gobierno que ayuden a los ciudadanos a tener más control sobre infraestructuras cruciales, tales como tierras y vivienda.

Discusión: El rol del sector capitalista

¿Cuál es el rol del sector capitalista en tal escenario?

La primera cuestión clave aquí es la creación de un campo de juego nivelado entre el sector de la solidaridad social y el sector privado. Mientras que la economía social y solidaria integra voluntariamente el bien común en sus estatutos y operaciones, y es por decirlo de alguna manera ‘naturalmente amigable al procomún’, el sector del capital privado es regulado para que su negación de las externalidades sociales y ambientales sea mitigada.

El Estado Socio alienta las transiciones de modelos de propiedad extractivos a generativos, mientras que la asociación de las empresas privadas con el procomún les ayudará a adaptarse a los nuevos modelos emergentes de la cocreación y el codiseño de valor con los trabajadores del procomún. La hiperexplotación del trabajo distribuido será mitigado a través de nuevos mecanismos de solidaridad. A medida que la adaptación mutua entre el sector del procomún, el sector cooperativo y del sector capitalista transcurra, el sector capitalista restante debe ser socializado cada vez más en las nuevas prácticas, así como las formas de propiedad y gobierno. El objetivo es crear una igualdad de condiciones en la que la hiperexplotación de valor social se convierte en una imposibilidad gradual, y en el que la toma de la renta extractiva se vuelve igualmente imposible y contraproducente a través de la existencia de bienes comunes abiertos y bien protegidos.

La segunda cuestión clave se refiere a las capacidades de autorreproducción de los contribuyentes del procomún. Bajo el dominio de las formas capitalistas neoliberales, cognitivas y netárquicas, los trabajadores del procomún no son capaces de crear medios de vida en la producción de del procomún del conocimiento abierto, y en la mayoría de las licencias abiertas, las empresas privadas son libres de utilizar y explotar el conocimiento común sin retorno seguro. Esto obliga a muchos y la mayoría de los trabajadores del procomún a trabajar para el capital privado. Lo que se debe lograr es un nuevo pacto entre el procomún y las empresas privadas que asegura la justa distribución de valor, es decir, un flujo de valor debe ocurrir de parte de las empresas privadas del procomún hacia los trabajadores del procomún de quienes se extrae el valor. Se deben desarrollar modelos que permitan a las empresas privadas convertirse en socios justos del procomún. Al final, ninguna empresa privada, utilizando su propio personal de investigación y propiedad intelectual, será capaz de competir con los ecosistemas abiertos que sean capaces de disponer de la producción e intercambio de conocimiento global; este proceso de adaptación equitativa debe ser fomentado y acompañado de ambas medidas, tanto del procomún como de sus empresas éticas asociadas, y del Estado Socio, en un contexto en el cual todos los jugadores se puedan beneficiar del procomún. El capital privado debe reconocer, y debe ser diseñado para reconocer, que el valor que están capturando viene su gran mayoría de los beneficios de la cooperación social en la creación de conocimiento: del mismo modo que tuvieron que reconocer la necesidad de una mejor y más justa remuneración por el trabajo, deben reconocer el pago justo por la producción de bienes comunes.

Una descripción de la nueva triarquía del Estado Asociado, la Economía Ética y una Sociedad Civil basada en el procomún

Discusión: la procomunalización de los servicios públicos

Así es como nace el concepto del Estado Asociado, el que no se opone al modelo de Estado de Bienestar, sino que “trasciende y lo incluye”. El Estado Asociado es la configuración de estado que permitirá y empoderará la producción social del conocimiento, el sustento de vida y el bienestar protegiendo y habilitando la continuación y expansión de los bienes comunes. El Estado Asociado es la institución de la colectividad que crea y sostiene las infraestructuras civicas y los niveles educativos, y cuya gobernanza está basada en la participación y la coproducción de los servicios públicos y la toma de decisiones colectiva. El Estado Asociado conserva las funciones de solidaridad del estado bienestar, pero desburocratizando los servicios al ciudadano. Abandona su visión paternalista de los ciudadanos que son receptores pasivos de sus servicios. El Estado Asociado está por lo tanto basado en una amplia participación para la toma de decisiones, pero también en la prestación de sus servicios. Los servicios públicos son cocreados y coproducidos con una amplia participación completa de los ciudadanos.

El medio para este fin es la ‘comunalización de los servicios públicos’ a través de asociaciones públicas para el procomún. Las Asociaciones público-privadas no solo aumentan el costo de los servicios públicos y crean desconfianza generalizada y la necesidad de control para contrarrestar los intereses lucrativos de los socios, sino que son esencialmente antidemocráticos, ya que dejan de lado la participación de la ciudadanía.

En un comentario, Silke Helrich define la relación general del Estado con el procomún de la siguiente manera:

“Para mi el rol del Estado se divide en cuatro partes principales.

no solamente:

– para detener el cierre, sino para desencadenar la producción/construcción de nuevos bienes comunes;

-la (co)gestión de sistemas de recursos complejos que no se limitan a las fronteras locales o comunidades específicas (como gerente y socio);

– la concertación de reglas (gráficas) para el cuidado de los bienes comunes (mediador o juez);

– impulsar o proporcionar incentivos para los comuneros a cargo de bienes comunes; aquí el punto es diseñar reglas inteligentes las cuales protejan automáticamente los bienes comunes, tales como la GPL (facilitador).”

David Bollier añade que:

El estado ya ha delegado formalmente algunas de sus competencias en las empresas mediante la concesión de estatutos corporativos, aparentemente para servir a ciertos fines públicos. ¿Por qué no puede el Estado hacer delegaciones similares de autoridad a las instituciones basadas en el procomún, lo que tambien (a su propio modo) sirve para fines públicos? Si el problema clave de nuestro tiempo es el duopolio mercado/estado , entonces nosotros necesitamos insistir también en que el Estado autorice la autoorganización y el reconocimiento legal de las instituciones basadas en el procomún. James Quilligan ha llamado a los comuneros para crear sus propios “programas sociales”, pero la situación legal de tales asuntos sigue siendo poco clara.

El valor público de las instituciones basadas en el procomún con concesiones estatales radica que ayudarían a:

​1) limitar la creación de externalidades negativas que son desplazadas a los demás (como las empresas hacen de forma rutinaria);

​2) declarar ciertos recursos como inalienables y vinculados a las comunidades como parte de su identidad;

​3) asegurar una administración más cuidadosa, concienzuda y efectiva, así como una verificación de recursos más allá de lo que el estado burocrático es capaz de proveer; y

​4) ayudar a los comuneros a internalizar un conjunto diferente de valores de administración, valores, prácticas éticas, prácticas sociales y compromisos a largo plazo más allá de lo que el Estado fomenta” (comunicación por correo electrónico, julio de 2012).

Sin embargo es Tommado Fattori, un activista destacado del movimiento italiano Water Commons, quien tiene el concepto más desarrollado de la procomunización de los servicios públicos:

“El campo del procomún, en su mayor parte, se puede identificar con un ámbito público no estatal, en el cual las acciones de los individuos que, en conjunto, atienden, producen y comparten el procomún son decisivas y fundamentales.

En este sentido, el procomún y la procomunización se pueden convertir en un medio para la transformación del sector público y los servicios públicos (a menudo sujetos a la burocracia y utilizados para perseguir los intereses privados de los grupos de presión política): un medio para su introducción al procomún. Sin duda, hay muchas mezclas virtuosas posibles entre el ámbito público tradicional y el ámbito del procomún.

La introducción al procomún (procomunización) va más allá de la simple desprivatización del ámbito público. Básicamente consiste en su democratización, trayendo de vuelta elementos del autogobierno directo y la autogestión por parte de los propios residentes, de los bienes y servicios de interés general (o administración participativa dentro de los organismos públicos revitalizados). La procomunización es un proceso en el que los habitantes de un territorio recuperan la capacidad y el poder de tomar decisiones para orientar opciones, reglas y prioridades, reapropiándose de la mera posibilidad de gobernar y administrar bienes y servicios de una manera participativa: es esta actividad de primera mano la que convierte a los ciudadanos en trabajadores del procomún.

Por lo general, hay una serie de circunstancias (incluidos el espacio vital y los horarios, la precariedad laboral y otras condiciones de trabajo difíciles, la urbanización del terreno y la complejidad de las infraestructuras) que no permiten físicamente a los habitantes de una gran metrópolis que autogestionen de manera completa los servicios fundamentales tales como los servicios públicos del agua o el transporte público sin pasar por los municipios y los organismos públicos (o administrar sin fondos públicos para financiar grandes obras de infraestructura). Por otro lado, es posible incluir elementos de autogobierno y procomunización en las distintas etapas de orientación general, planificación, programación, administración y control de los servicios. A su vez, también es necesario devolverles a los trabajadores de los servicios públicos un rol activo en la coadministración. Lo que significaría ir en la dirección contraria a lo que sería la privatización de lo que es “público”.

Pero, además, hay otras superposiciones entre la idea de lo público y la del procomún, aparte de la creación necesaria de las herramientas legislativas que pueden proteger y motivar a los procomunes y la procomunización.

Se pueden desarrollar varias formas de asociación de procomunes y bienes públicos, donde el rol del Estado está realineado, de su apoyo actual y subvención de las empresas con fines de lucro hacia el apoyo de la procomunización y la creación de valor común. Esto se puede alcanzar a través de las exenciones fiscales, los subsidios y el empoderamiento de actividades participativas y de procomunización, pero también, por ejemplo, mediante la asignación de los bienes públicos y estatales para uso común y compartido, gracias a los proyectos que consideran que las instituciones públicas y los trabajadores del procomún trabajen juntos. Este es un camino que puede ser el comienzo de una transformación general del rol del Estado y de las autoridades loales en los países socios, “es decir, las autoridades públicas que crean el entorno adecuado y la infraestrutura de apoyo para que los ciudadanos puedan producir valor de manera colaborativa con el que se beneficie toda la sociedad”.

Tommaso Fattori ha explicado exhaustivamente la relación precisa que existe entre la nueva forma de Estado y los procomunes:

“Para entender en qué sentido y bajo qué condiciones los servicios públicos se pueden considerar procomunes, es necesario ofrecer unas breves notas sobre lo que se entiende por servicio público y por procomún. En ambos casos es difícil ser conciso, debido a la amplitud del debate sobre las áreas y las cuestiones.

Servicios públicos: como es bien conocido, en la mayoría de los sistemas jurídicos, las leyes no proporcionan ninguna definición de lo que se entiende por el concepto “servicio público”. En resumen, en la reconstrucción doctrinal hay dos posiciones principales: la teoría subjetiva centra la atención en el carácter público de la propia prestación del servicio, mientras que la teoría objetiva centra la atención en el interés público que distingue a la actividad realizada. De acuerdo con la teoría subjetiva, los elementos necesarios para identificar el servicio público son la responsabilidad directa o indirecta del Estado u otro organismo público para con el servicio y su correspondiente prestación en beneficio de los ciudadanos. Por otro lado, para la teoría objetiva, el elemento necesario es que el servicio se preste a la colectividad y que le dé máxima prioridad al interés del público. Los EE. UU., sin embargo, prefieren esquivar el tema y hablar de “servicios de interés general”: servicios (tanto de mercado como de no mercado) que son de interés central para la colectividad y que, por esta razón, se deben someter a las “obligaciones específicas de los servicios públicos”. En estás páginas, por servicios públicos nos referimos a los servicios de interés general, en otras palabras, a la gran cantidad de servicios fundamentales que alguna vez fueron una parte integral de los servicios de bienestar, pero que, hoy en día, la mayoría de ellos están privatizados por decisiones políticas, o bien que los prestan organismos públicos que funcionan de manera similar a las empresas privatizadas. Estos servicios incluyen, entre otros, los servicios de salud, las escuelas y universidades, el suministro de electricidad, el transporte y otros servicios públicos locales, tales como los servicios de agua o los residuos.

Procomún: la definición de lo que se entiende por procomunes, y por procomunización, es más complejo, ya que esta es un área en la que chocan los diferentes enfoques y paradigmas. En términos muy generales, los procomunes son todo aquello que compartimos, en particular, regalos de la naturaleza y creaciones de la sociedad que nos pertenecen a todos por igual y que debemos preservar para las generaciones futuras: materiales o inmateriales, rivales o no rivales, recursos naturales o artificiales que eluden el concepto de uso exclusivo y construyen lazos sociales.1 Además de los recursos compartidos, existen otros dos bloques de construcción fundamentales de los procomunes: los trabajadores del procomún y la procomunización.

Los trabajadores del procomún son todos los miembros de una comunidad o, incluso, los grupos de personas vagamente conectados que administran y cuidan los recursos compartidos o producen recursos comunes, y que adoptan una forma de autogobierno, denominada procomunización, sobre la base de su capacidad para fijarse normas (y establecer los incentivos y las sanciones para garantizar que se respeten, así como los mecanismos para el seguimiento y la resolución de conflictos)2. La procomunización es una forma participativa e inclusiva de toma de decisiones y un sistema de gobierno para compartir, producir y reproducir procomunes en beneficio de las generaciones presentes y futuras, y del ecosistema en sí, donde están involucrados los bienes naturales.

Aun en términos generales, aunque casi todos los bienes y recursos potencialmente pueden convertirse en objetos de intercambio, tras una elección y decisión de la gente, y así convertirse en “recursos compartidos” o “comunes”, es probable no obstante que la mayoría de la humanidad estaría de acuerdo en un núcleo de recursos que, al menos en principio “no pueden ser bienes comunes” sobre el dolor de negar la vida misma y la posibilidad de desarrollo individual y desarrollo colectivo: recursos fundamentales primarios, naturales o sociales, que van desde el agua a los conocimientos.3 Un futuro sin couchsurfing, donde a todas las camas se les da un valor monetario y no se comparten, sin duda es menos deseable que un futuro con couchsurfing; pero un futuro sin acceso al agua para todos es inaceptable. Estos bienes comunes primarios no deben permitir la discriminación en el acceso a los mismos de acuerdo con la riqueza individual, reintroduciendo el elemento de la igualdad y el trato justo, así como una relación de afecto (y no de dominación o sometimiento) entre la humanidad y el resto de la naturaleza de la que formamos parte. Estos son recursos los cuales no pertenecen y que no están a disposición de los gobiernos o del Estado como persona, porque pertenecen a la colectividad, y por sobre, todo a las generaciones futuras que no pueden ser expropiadas de sus derechos. La gestión participativa distribuída y el auto gobierno, la inclusión y el disfrute colectivo, la inexistencia de derechos exclusivos individuales, la prevalencia del valor de uso sobre el valor de cambio, satisfacción de las necesidades primarias y difusas: bienes comunes, en este entendimiento significa todas estas cosas.”

Uno de los mecanismos para la prestación de servicios públicos procomunizados es a través de contratos entre el estado como la financiación y mecanismos de control de calidad, y “las cooperativas de solidaridad”, que son las cooperativas de multiples partes interesadas, que reúne a todas las partes implicadas en un determinado esfuerzo: los trabajadores, consumidores, productores y miembros de la comunidad más grande en una estructura democrática de propiedad y control. Este nuevo sistema de entrega ha sido pionero en el campo de la asistencia social para los servicios de salud y apoyo para las poblaciones especiales como los ancianos los discapacitados físicos , etc…, y es particularmente fuerte en el norte de Italia (Emilia-Romagna, la region alrededor de Boloña) así como en Quebec. Los ejemplos son descritos en el informe de política de John Restakis.

Para concluir:

En una economía social del conocimiento madura, el Estado todavía existirá, pero tendrá una naturaleza radicalmente diferente. Muchas de sus funciones habrán sido apoderadas por las instituciones del procomún, pero dado que estas instituciones se preocupan principalmente por su propio procomún, y no el bien común en general, todavía se necesitará de autoridades públicas que sean el garante del sistema en su conjunto y puedan regular los diversos bienes comunes y la protección de los trabajadores del procomún contra los posibles abusos. Así que en nuestro caso el Estado no desaparece sino que se transforma, aunque puede disminuir en gran medida en su alcance y con sus funciones restantes bien democratizadas y basadas en la participación ciudadana. En nuestra visión, es la producción entre pares basada en la sociedad civil, a través del procomún, el garante de la creación de valor por parte del sector privado, y el papel del Estado, como Estado Asociado es permitir y potenciar a la creación del bién común. El nuevo estado “peer to peer” entonces, aunque algunos puedan verlo como una contradicción en términos, es un Estado que está subsumido en el procomún, tal como lo está ahora en el marco del sector privado.

Fuente: Extractos de un texto preparado por Tommaso Fattori como parte del libro-proyecto “Protección de las generaciones futuras a través del Procomún”, organizado por la Dirección General de Cohesión Social del Consejo de Europa, en colaboración con el International University College of Turin. El texto será publicado en breve como parte de la serie “Tendencias de la Cohesión Social”, publicaciones del Consejo de Europa.

La Economía Ética

¿Cuál es exactamente la naturaleza y el papel de la economía ética en la economía del conocimiento social?

En primer lugar, la economía ética “percibe” el valor que es creado por los “trabajadores del procomún” en los repositorios comunes, mediante la creación de valor añadido para el sector de mercado ético. El superávit percibido va directamente para los trabajadores que también son los colaboradores del procomún, percibiendo así su autoreproducción, independientemente de la economía clásica de acumulación de capital. Un nuevo proceso de ‘acumulación cooperativa’ se crea de esta manera para mediar entre el procomún y el sector de capital clásico, y servir directamente al procomún y a los trabajadores del procomún.

La economía ética puede percibir los beneficios, pero los beneficios obtenidos sirven a un propósito, una misión, al servicio directo de la creación de valor de uso. No coincide por lo tanto con el sector sin fines de lucro cívico, sino que es mejor conocido como un sector ‘sin objetivo de lucro’, ya que los beneficios se subsumen a la meta social. Esto es, en esencia, el porqué del nuevo sector llamado ‘economía ética’, pues los objetivos no son la acumulación de ganancias, sino de ‘beneficios’. Por lo tanto se habla del sinónimo ‘con fines de beneficio’ o ‘benéfica’.

Las empresas éticas pueden tomar formas muy diferente, o ‘formatos de empresa abierta’, con el objetivo común de contribuir al ‘bien común’ en general, y específicamente al procomún. Pueden aliarse entre sí como las coaliciones emprendedoras alrededor de ciertos respositorios específicos de procomún (pero que probablemente utilizarán más de un procomún). Los diferentes regímenes jurídicos pueden ser corporaciones benéficas, empresas de comercio justo, emprendedores sociales, cooperativas de trabajadores o de otros tipos… Una de las innovaciones claves ha sido el desarrollo de las ‘Cooperativas Solidarias’, cuya aparición se ha descrito en otra parte por John Restakis. Cooperativas Solidarias integran el bien común en sus estatutos, y son gobernadas por múltiples partes interesadas​.

La economía ética puede centrarse en la producción relocalizada por razones de sostenibilidad, pero sus trabajadores cooperan globalmente orientados a través de las comunidades de diseño abierto que son esenciales para sus operaciones. Organizacionalmente, se pueden organizar a nivel mundial a través de modelos como la franquicia de solidaridad, o “fílias”, es decir, a través de formas globales de éticas transnacionales, de apoyo comunitario u orientadas por la misión.

Discusión: requisitos de infraestructura material o inmaterial para la Economía Ética

La aparición y el fortalecimiento de la economía ética como núcleo de la sociedad del conocimiento social, requerirá desarrollo de la infraestructura material e inmaterial.

El primero es el desarrollo de una serie de estructuras alternativas ‘corporativas’, que no están vinculados a la realización de fines de lucro como objetivo principal, sino que permiten que entidades de mercado actúen para fines sociales, misiones, propósitos, etc. Esta es un área que llamamos Formatos Open Company, y es un cambio que ya está en marcha en varios países.

El segundo es el apoyo para crear “Open Business Models” viables. Estos son los modelos para la resiliencia y sostenibilidad financiera que están orientados hacia el reconocimiento y el desarrollo, y no a la supresión de repositorios de conocimiento socializado.

El tercero es el desarrollo de la financiación distribuida, tanto la cooperación financiera colectiva directamente de los ciudadanos (crowdfunding) dirigido a los socios de las finanzas éticas, y la financiación pública estatal. Un ejemplo de este tipo de financiación es el ‘Artistic Voucher System’, que ha sido inscrito en el “Código Orgánico para el Conocimiento Social” (COESC+i).

La cuestión clave es que sin las superganancias realizadas a través de las rentas de Propiedad Intelectual, el capital riesgo privado estará mucho menos dispuesto a invertir en innovaciones libres de patentes, y un sistema financiero alternativo debe ser construido y apoyado a través de los marcos de políticas públicas.

Por lo tanto, una nueva infraestructura, prointercambio, pro conocimiento social, tiene que ser desarrollada también, de manera que que apoye la economía ética y su lógica, y promueva y facilite la mutualización de los conocimientos y otros recursos inmateriales, y también de las infraestructuras materiales de producción. Una infraestructura legal se necesita que promueva y desarrolle el “compartiendo”, “cooperativa” y otras formas económicas.

Se necesitará una infraestructura técnica, no sólo una infraestructura de Internet genérico y abierto, sino el apoyo para el desarrollo de plataformas de colaboración que son apropiadas para los diferentes sectores industriales y económicos. Un ejemplo son los depositarios de los objetos de diseño que se necesitan en cada sector; y la infraestructura para la interconexión de los objetos inteligentes, la llamada Internet de las cosas. Será necesaria una infraestructura para la fabricación tanto abierta y distribuida, y para la producción distribuida de energías renovables, cerca del lugar de la necesidad.

Nuevas formas de contabilidad del valor abierto tendrán que ser desarrolladas con el fin de reconocer las nuevas formas de creación de valor en una economía contribuyente basada en el procomún.

En este contexto, vemos el papel del Estado Socio como responsable de la incubación de la Economía Ética a través de diversas políticas de apoyo, que puede tomar la siguiente forma institucional:

  • El Instituto para la Promoción y Defensa de los Bienes Comunes: se trata de una institución que promueve el conocimiento sobre los bienes comunes y sus formas jurídicas y de infraestructura, por ejemplo, la promoción y la protección para el uso de las licencias basadas en el procomún como la GPL, Creative Commons, etc. Este Instituto apoya la a creación de repositorios comunes del conocimiento, código y diseño, tanto de forma genérica como para sectores y regiones específicos.
  • El Instituto para la incubación de la Economía Ética apoya el surgimiento de prácticas económicas en torno a los nodos comunes de conocimiento. Ayuda a los emprendedores cívicos y éticos para crear medios de vida en torno a estos repositorios comunes. Se enseña a los trabajadores del procomún emprendedores cuáles son las posibilidades de crear valor añadido en torno al procomún, y cuáles son los facilitadores judiciales, comerciales y técnicos. Promueve la creación de coaliciones de emprendimientos en nuevos sectores, y apoya a actores ya establecidos de la economía ética para resolver problemas comunes.
  • La renta de transición: antes que el procomún pueda crear economías prósperas éticas, es necesario un período de compromiso civil y la inversión, lo que podría no satisfacer de inmediato los medios de vida. Por lo tanto, una estructura puede ser creada para apoyar materialmente a los creadores de nuevos repositorios comunes para mantenerse en tales períodos de transición. Este será un mecanismo vital en la lucha contra la precariedad en las primeras etapas de creación del procomún, antes de que las coaliciones emprendedoras puedan asumir su papel en las nuevas economías del procomún en diversos sectores.

La sociedad civil basada en el procomún

Una contribución de John Restakis:

En su sentido más amplio y más aceptado, la sociedad civil es el impulso social hacia la asociación libre y democrática, a la creación de la comunidad, y a las operaciones de la vida social, que incluye la política. Este es el sentido de la sociedad civil que es utilizado por escritores como Vaclav Havel. La sociedad civil se distingue del estado como tal a partir de las operaciones del sector privado. Algunos autores también hacen hincapié en la distinción entre este y la familia.

Para Havel y una larga lista de escritores que se remontan a Aristóteles, la sociedad civil sigue siendo el hecho elemental de la existencia humana. Es lo que hace posible la vida humana. Para Aristóteles era a la vez el medio y el fin de la asociación humana como la búsqueda del buen vivir, que es, en esencia, una vida social. Y en este sentido, son las instituciones que surgen de la sociedad civil (las escuelas, las asociaciones voluntarias, los sindicatos, los tribunales, los partidos políticos, etc.) que proporcionan al individuo los medios para reconocer su propia humanidad, y por medio de eso, para perfeccionar la sociedad como conjunto durante el proceso. El estado es el resultado de este impulso.

Como Thomas Paine escribió: “La gran parte de ese orden que reina entre los hombres no es efecto del gobierno. Tiene sus orígenes en los principios de la sociedad y la constitución natural del hombre. Existió antes del gobierno, y existiría si se aboliera la formalidad del gobierno. La dependencia mutua y el interés recíproco que el hombre tiene sobre el hombre, y todas las partes de la comunidad civilizada entre sí crean una gran cadena de conexión que los mantiene unidos. En fin, la sociedad lleva a cabo por sí misma casi todo lo que se atribuye al gobierno.” Alex De Tocqueville, visitando América a finales del siglo diecisiete, famosamente atribuye la vitalidad de la democracia joven a la riqueza y diversidad de su vida asociativa.”

Dentro de la sociedad civil, una gran parte de las actividades cívicas se llevan a cabo por las organizaciones creadas para proporcionar bienes y servicios a través de la colaboración, por personas que actúan juntos para hacer realidad los intereses mutuos. Constituyen este sector que se compone de las organizaciones sin fines de lucro y de voluntariado, grupos de servicio, organizaciones culturales como sociedades corales, organizaciones benéficas, sindicatos y cooperativas. Este aspecto económico dentro de la sociedad civil también se ha descrito como la economía civil, el tercer sector o economía social.

Para todas estas concepciones: los bienes comunes, la sociedad civil y la economía civil, la noción de reciprocidad es fundamental.

* Sobre la reciprocidad

La reciprocidad es el mecanismo social que hace posible la vida asociativa. Es el fundamento de la vida social. En sus elementos, la reciprocidad es un sistema de intercambio voluntario entre individuos basados ​​en el entendimiento de que la entrega de un favor por uno en el futuro será correspondida, ya sea para el donante o para otra persona.

La voluntad de corresponder es una señal básica de la sociabilidad de un individuo. Llevado al extremo, la falta de voluntad completa de un individuo para ser recíproco equivale a la ruptura de los lazos entre ellos mismos y los demás. La reciprocidad es, pues, una relación social que contiene en sí misma poderosas dimensiones emocionales e incluso espirituales. Estos elementos representan un conjunto totalmente diferente de motivaciones en los individuos que las de la conducta en el sentido clásico de “maximizar la utilidad propia” como consumidores.

La reciprocidad anima una vasta gama de actividades económicas que se apoyan en la participación y el fortalecimiento de las actitudes y valores que son interpersonales, y que constituyen lazos esenciales entre el individuo y la comunidad humana. Lo que se intercambia en las transacciones recíprocas no son bienes meramente particulares, servicios y favores, sino más fundamentalmente la expresión de la buena voluntad y la seguridad de que uno está dispuesto a ayudar a los demás. Es la base de la confianza. En consecuencia, la práctica de la reciprocidad tiene profundas ramificaciones sociales y conlleva un elemento moral claro. La reciprocidad es una clave para la comprensión de cómo las instituciones de la sociedad trabajan, pero también es un principio económico con características totalmente diferentes que demuestra atributos sociales, en contraposición a los atributos meramente comerciales. Cuando la reciprocidad se expresa económicamente en el intercambio de bienes y servicios a las personas y las comunidades, el resultado es la economía civil. Es a su vez un principio clave que subyace a la formación y el uso del procomún.

Las organizaciones de economía civil son las que persiguen sus objetivos, ya sea económicos o sociales, sobre la base de que las contribuciones de los individuos serán correspondidas y los beneficios compartidos. La reciprocidad y mutualidad son el principio económico y social que definen tanto las actividades y los objetivos de estas organizaciones, ya sean cooperativas, asociaciones de voluntarios, o sin fines de lucro convencionales. Su propósito principal es la promoción del beneficio colectivo. Su producto social no son sólo los bienes particulares o servicios que ellos producen, sino la solidaridad humana: la predisposición de las personas en una sociedad a trabajar juntos en torno a objetivos comunes. Otro nombre para esto es el capital social, y a diferencia del principio capitalista de control de capital sobre el trabajo, la reciprocidad es el medio por el que un interés social (sea que tome la forma de trabajo, grupos de ciudadanos o consumidores) puede ejercer control sobre el capital. Como una subdivisión de la sociedad civil, el uso de la reciprocidad con fines económicos es lo que distingue a la economía civil o social, de los sectores público y privado.

No hay duda de que el éxito a largo plazo del Plan Nacional para el Buen Vivir, y la implementación de una economía de conocimiento social, dependerán en gran medida de la fortaleza y el desarrollo de una economía civil en Ecuador que sea fuerte, autónoma, democrática, innovadora, y que sea capaz de jugar el papel central que se le asigna a ella tanto por medio de la Constitución y el Plan del Buen Vivir en sí. La economía civil es el espacio social y económico que más refleja los valores y principios de los ideales socialistas y cívicos del gobierno y la fuente de aquellas instituciones civiles que, al largo plazo, defenderán y promoverá estos ideales. Que nadie olvide que fue la sociedad civil de Ecuador la que dio origen a la Revolución Ciudadana, no el estado. Al final, será también la sociedad civil y la vitalidad de sus instituciones las que salvaguarden sus ideales.

Por esta razón, la política y la legislación pública de Ecuador deben servir como un recurso político y jurídico fundamental para la construcción de los valores, las habilidades, y las instituciones que permitan a la economía civil florecer y proporcionar las bases sociales indispensables que finalmente servirán para transformar la economía política del país. En nuestra opinión, la política pública y la legislación progresista con respecto a la economía civil servirán como mecanismos principales para la creación de un nuevo contrato social y la praxis social que refleja los objetivos y fines complementarios del Estado, por un lado, y los valores colectivos de la sociedad civil por otro.

¿Más allá del mercado, más allá de la planificación?

El papel clave de las Licencias de Reciprocidad basadas en el Procomún

Estamos orquestando un argumento estratégico clave sobre la interacción precisa entre el procomún y los nuevos sectores del mercado ético, a través de la intermediación de un nuevo tipo de licencias del procomún que respalde la emergencia de una economía ética basada en la reciprocidad:

Ciertamente, el movimiento de trabajadores/P2P/procomún, así como otros movimientos sociales para el cambio, se enfrentan hoy día con una paradoja.

Por una parte, tenemos el resurgimiento del movimiento cooperativo y de las empresas en propiedad de los trabajadores, pero ambas sufren de debilidades estructurales. Las entidades cooperativas trabajan para sus propios miembros, son renuentes a aceptar nuevos cooperativistas que podrían compartir las ganancias y los beneficios existentes, y son partícipes del mismo conocimiento propietario y de la escasez artificial que fomenta su contraparte capitalista. Aunque son democráticas internamente, a menudo estas organizaciones toman parte en las mismas dinamicas de competencia capitalista que erosiona sus propios valores cooperativistas.

Por el otro lado, tenemos un campo emergente de producción entre pares, abierta y orientada al procomún, en campos como el software libre, el diseño y el hardware abierto, los cuales crean bancos comunes de conocimiento para toda la humanidad, pero al mismo tiempo, son dominados por empresas nacientes y grandes multinacionales que utilizan el mismo procomún.

Por tanto, necesitamos una nueva síntesis, un “cooperativismo abierto”, que combine los modelos de producción entre pares orientados al procomún, con modelos de propiedad y de gobernanza del procomún tal como los modelos económicos de las cooperativas y de las economías solidarias.

Lo que sigue es un argumento más detallado sobre cómo tal transición puede ser alcanzada.

Hoy tenemos una paradoja: mientras más comunista sea la licencia que usamos para la producción de software y hardware libre entre pares, más capitalista resulta su práctica. Un ejemplo es Linux, al convertirse en un bien corporativo que enriquece a IBM, y así sucesivamente. Funciona en cierto modo, y parece aceptable para la mayoría de los desarrolladores de software libre. Pero ¿es la única manera?

Ciertamente, la Licencia Pública General (General Public License o GPL) y sus variantes, permiten a cualquiera utilizar y modificar el código de software o el diseño, en tanto que los cambios sean llevados de vuelta al banco común bajo las mismas condiciones. Esto es de hecho, técnicamente, “comunismo” tal como lo definió Marx: de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades. Pero también, paradójicamente, esto permite a las multinacionales utilizar el código de software libre para generar ganancia y acumulación de capital. El resultado es que tenemos una acumulación de procomún inmaterial, basada en insumos abiertos, procesos participativos, y resultados orientados al procomún, pero que se encuentra subordinado a la acumulación de capital. En el presente no es posible, o al menos no es fácil, propiciar la reproducción social (por ejemplo, mejores condiciones de vida) dentro de la esfera del procomún. De ahí que los movimientos por la cultura y el software libre, no obstante lo importante que son como nuevas fuerzas sociales y como expresión de nuevas demandas, también son, en esencia, “liberales”. Esto no sólo es reconocido por líderes tales como Richard Stallman, sino también por estudios antropológicos como los de Gabriela Coleman. Con cierto atrevimiento podemos decir que son movimientos liberal-comunistas y comunistas-liberales, que crean un “comunismo del capital”.

¿Hay una alternativa a esto? Creemos que sí la hay, y esto podría reemplazar a licencias no recíprocas (que no demandan una reciprocidad directa por parte de sus usuarios), con una basada en la reciprocidad. Puede llamarse un cambio de licencias “comunistas” a licencias “socialistas”.

Esta es la opción de la Licencia de Producción entre Pares (Peer Production License – PPL) tal como se ha diseñado y propuesto por Dmytri Kleiner; la cual no se debe confundir con la licencia no comercial de Creative Commons, en tanto que la lógica es diferente.

La lógica de CC-NC es ofrecer protección a individuos renuentes a compartir porque no desean una comercialización de su obra que pudiera no compensarlos por su trabajo. Así, la licencia “No-Comercial” de Creative Commons detiene el desarrollo económico basado en el conocimiento abierto y compartido, y lo mantiene por completo en la esfera de las organizaciones sin fines de lucro.

La lógica de PPL es permitir la comercialización sobre la base de la exigencia de reciprocidad. Se ha diseñado para habilitar y empoderar una economía recíproca contrahegemónica que combina el procomún abierto para que todos contribuyan, mientras carga un costo de licencia a las compañías lucrativas que desean utilizarlo sin contribuir. Esto no representa un gran cambio para las multinacionales, ya que pueden utilizar el código si contribuyen, como IBM hace con Linux, y para los que no, pueden pagar una tarifa por la licencia, una práctica a la que están acostumbradas. Su efecto práctico estaría en ser un flujo directo de ingresos del capital hacia el procomún, pero su mayor efecto sería ideológico, o si se prefiere, orientado a valores.

Las coaliciones empresariales que se encuentran vinculadas alrededor de un procomún con PPL, se encontrarían explícitamente orientadas hacia sus contribuciones al procomún y el sistema de valores alternativos que representa. Desde el punto de vista de los productores pares o trabajadores del procomún, por ejemplo, a las comunidades de contribuyentes al banco de procomún les permitiría crear sus propias entidades cooperativas, en las cuales las ganancias estarían subordinadas al objetivo social de sostener el procomún y a los trabajadores del procomún. Incluso las companías de lucro participantes podrían contribuir conscientemente dentro de una nueva lógica. Esto enlaza el procomún con una coalición empresarial de entidades del mercado ético (cooperativas u otros modelos) y mantiene el plusvalor completamente dentro de la esfera de trabajadores del procomún/cooperativistas en lugar de filtrarlo hacia las multinacionales. En otras palabras, a través de esta convergencia o combinación de un modelo de procomún para recursos inmateriales abundantes, y un modelo basado en la reciprocidad para los recursos materiales “escasos”, el problema de la calidad de vida y de la reproducción social estaría solucionado, y la plusvalía se mantendría dentro de la esfera del procomún.

Las cooperativas son las que podrían, a través de su acumulación cooperativa, proporcionar fondos a la producción de procomún inmaterial, porque pagarían cualquier compensación a los productores pares asociados con ellos. De esta manera, la producción entre pares se desplazaría de un modo prototipo de producción, incapaz de perpetuarse a sí mismo fuera del capitalismo, hacia un modo de producción autónomo y real. Se crea una contraeconomía que puede ubicarse en la base de la “contrahegemonía” de la circulación de valor por beneficios, la cual, aliada con movimientos sociales en favor del procomún, puede ser la plataforma para la transformación política y social de la economía política. De ahí que nos movamos de una situación en la cual el comunismo del capital es dominante, hacia una situación en la cual tenemos un “capital para el procomún”, asegurando, cada vez más, la auto-reproducción del modo de producción entre pares.

La PPL es utilizada experimentalmente por Guerrilla Translations! y está siendo discutida en varios lugares, como Francia por ejemplo, en las comunidades de maquinarias agrícolas abiertas.

También existe un potencial específico dentro de la economía ética orientada a el procomún, tal como la aplicación de libros de contabilidad abiertos y de cadenas de suministros abiertas, que permitirían una circulación de valor diferente, dado que la coordinación mutua que ya funciona en la escala de la producción y la cooperación inmaterial se desplazaría hacia la coordinación de producción física, creando una dinámica posmercado de asignación de recursos en la esfera física. Al reemplazar la asignación de recursos en mercado a través del precio y la planificación central, este nuevo sistema de producción material permitiría, en su lugar, una coordinación masiva, habilitando una nueva forma de “economía basada en recursos”.

Finalmente, todo el sistema puede ser fortalecido creando fondos de riesgo basados en el procomún, con el fin de crear procomún material, como propone Dmytri Kleiner. De esta manera, el parque de maquinarias es sustraído de la esfera de la acumulación de capital. En el sistema propuesto, las cooperativas que necesiten capital para maquinarias podrían lanzar un bono y las otras cooperativas en el sistema financiarían el bono para comprar la máquina para un procomún en el cual se integrarían tanto los financistas como los usuarios. El interés pagado por esos préstamos crearía un fondo que gradualmente sería capaz de pagar un ingreso a sus miembros, y que se constituiría en una nueva clase de ingreso básico.

El nuevo cooperativismo abierto es sustanciamente diferente a la forma antigua. En la forma antigua, la democracia económica interna es acompañada por la participación en la dinámica del mercado en beneficio de los miembros a través de la competencia capitalista. De ahí la renuencia a compartir ganancias y beneficios con terceros. No hay creación de procomún. Necesitamos un modelo diferente en el cual las cooperativas produzcan procomún, y que se encuentren orientadas hacia la creación del bien común con formas de gobernanza que integren múltiples partes interesadas (“multi-stakeholders”), las cuales incluyan a trabajadores, usuarios-consumidores, inversionistas y comunidades interesadas.

Hoy nos encontramos con la paradoja de que las comunidades abiertas de pares productores están orientadas hacia el modelo de empresas nacientes y subordinadas al modelo de beneficio económico, en tanto que las cooperativas se mantienen cerradas, utilizan la propiedad intelectual y no crean procomún. En el nuevo modelo de cooperativismo abierto, debe ocurrir una mezcla entre la producción de procomún entre pares, y la producción cooperativa de valor. El nuevo cooperativismo abierto integra las externalidades, practica la democracia económica, produce procomún para el bien común, y socializa su conocimiento. La circulación del procomún se combina con el proceso de acumulación cooperativa, en beneficio del procomún y de sus contribuyentes. Al comienzo, el campo del procomún inmaterial, siguiendo la lógica de contribuciones libres y uso universal para quien lo necesite, coexistiría con un modelo cooperativo para la producción física basado en la reciprocidad. Pero en tanto que el modelo cooperativo se vuelva más y más hiperproductivo y sea capaz de crear abundancia sustentable de bienes materiales, las dos lógicas se fundirán en una.

Mecanismos de coordinación mutua en las nuevas coaliciones empresariales “éticas”: ¿el retorno de Cybersin?

Los debates económicos tradicionales a menudo se encuentran entre las opciones de la planificación estatal por un lado, o la colocación de recursos a través del marcaje de precios por el otro. Pero la economía social del conocimiento muestra un tercer método de colocación, la coordinación mutua transparente. El primer intento de instalar esta forma de economía basada en los recursos, en la Unión Soviética de los años 60, cuando la construcción de una protointernet se inició, se encuentra bien documentado en el libro de Francis Spufford, “Red Plenty”. El esfuerzo fracasó debido a la oposición de las fuerzas burocráticas en el aparato del estado. El segundo intento tuvo lugar en el Chile de Allende a principios de los 70, con la asesoría del líder del pensamiento complejo, Stafford Beer, y fue utilizado exitosamente en una escala más pequeña para superar una huelga de la industria del transporte la cual fue superada con 25% de la flota y utilizando telex para la coordinación. Así nació el proyecto Cybersin, un proyecto para coordinar la industria chilena mutual y democráticamente, pero que fue destruido en el golpe militar por el bombardeo de su sede.

No obstante, bajo el impulso de las comunidades de conocimiento social, la coordinación mutua de actividades complejas está mostrándose de forma importante, aún si se encuentra limitada en el presente a la producción de valor “inmaterial”, es decir, productos del conocimiento. Este surgimiento, no obstante, tiene implicaciones para una transición a un nuevo tipo de coordinación económica que coexistirá con la planificación estatal (la cual ha recibido un fuerte impulso en Ecuador), y los mecanismos de precios tradicionales del mercado.

En verdad, la economía social del conocimiento realmente existente, basada en producción (entre pares) de tecnologías libres orientadas a procomún, es conocida por funcionar de acuerdo con el principio de coordinación mutua (stigmergy). Las comunidades de diseño abierto que ya existen construyen y coordinan la construcción de repositorios comunes de conocimiento, código, y diseño, a través de sistemas de señalización mutua, porque sus infraestructuras de cooperación son completamente abiertas y transparentes.

En el mundo de la producción física, podemos ver una emergencia de cadenas de suministros abiertas y contabilidad abierta en una escala mucho menor. No obstante, existe una oportunidad histórica de que emerja la coordinación mutua de la producción física, si las “coaliciones empresariales éticas” que pueden surgir alrededor de la economía social del conocimiento, deciden compartir su flujos logísticos y contables dentro de tales coaliciones. En este escenario, que es hipotético en el presente pero puede ser una parte integral de una economía social del conocimiento P2P/Procomn madura, veríamos el surgimiento gradual de una tercera vía para la colocación coordinada de recursos para la producción económica.

La importancia histórica y presente de la mutualización en tiempos de la creciente escasez de recursos.

Discusión: el tema de la sustentabilidad del ecosistema

Enfrentados con graves crisis ecológicas tales como el cambio climático y la extinción de las especies, pero también en términos de la imperante crisis de recursos, es importante mantener en mente la perspectiva histórica sobre cómo la humanidad ha enfrentado tales crisis sistémicas en el pasado.

Una de las paradojas del capitalismo globalizado es ciertamente su confianza en economías de escala, las cuales se encuentran en contradicción con las necesidades de balance del ecosistema. En pocas palabras, las economías de escala crean competitividad a través de la producción de más unidades a costos más bajos, lo cual requiere más energía y recursos para ser competitivas.

Lo que se necesita en tiempos de escasez de recursos es el enfoque opuesto: economías de alcance, o en otras palabras, “hacer más con lo mismo”. Esta es exactamente la forma en que las crisis de civilizaciones pasadas fueron solventadas. Enfrentados con la crisis del Imperio Romano, la cual fue también un sistema global con una crisis de recursos, la Europa medieval respondió con una reubicación de la producción a través de los dominios feudales, con la mutualización de los medios de subsistencia y la producción a través de órdenes monásticas, y con una comunidad de diseño abierto extendida por toda Europa (como por ejemplo, la cultura unificada de la Iglesia Católica y el intercambio y distribución de conocimiento técnico entre las órdenes monacales). Respuestas muy similares se han visto en China y Japón.

Hoy, la respuesta de los sectores de la sociedad que son más sensibles a las crisis combinadas es muy similar, es decir, la mutualización del conocimiento a través de los movimientos de fuentes abiertas y la mutualización de infraestructuras físicas por medio de la “economía del compartir”. De este modo, el traslado hacia la economía social del conocimiento es también la respuesta apropiada y vital a las crisis de los ecosistemas.

Por qué la innovación debe localizarse en comunidades de diseño abierto

Existen varias razones por las cuales es crucial moverse hacia un sistema de innovación abierta que se ubique en repositorios comunes de conocimiento, código y diseño, especialmente en lo que se relaciona al tema de la sustentabilidad.

La primera razón es que patentar la tecnología resulta en retrasos inaceptables para la invención y la difusión, tal como muestran los estudios citados por George Dafermos. En tiempos de cambio climático, la extinción de las especies y otros peligros biosféricos, sería altamente perjudicial mantener el desarrollo y difusión de tales innovaciones bajo el control de monopolios privados, a menos que se permita que las tecnologías patentadas sean almacenadas por razones tales como la protección del sistema informático heredado o de cuotas de mercado.

La segunda razón es igualmente estructural y sistémica. Cuando la innovación se localiza en departamentos coorporativos de I+D, la obsolecencia programada no es una deficiencia, sino una característica, una práctica generalizada. En contraste, las comunidades de diseño, hardware y tecnologías abiertas carecen de motivación para la planificar la obsolecencia dada su naturaleza de inclusión, modularidad, y sustentabilidad. Una revisión rápida de los más de 25 proyectos de automóviles abiertos muestra que todos han pensado en la sustentabilidad como parte del proceso de diseño.

Así, las comunidades de diseño abierto tienen un potencial mucho mayor para diseñar para la reutilización, el reciclaje, la recuperación de materiales, los procesos económicos circulares, materiales biodegradables, interoperabilidad, modularidad, y otros aspectos que tienen influencia directa en la sustentabilidad. Cada innovación en esta área se encuentra disponible instantáneamente para la humanidad global a través del acceso abierto a los repositorios compartidos de conocimientos. Las corporaciones y otras entidades de mercado que producen y venden sobre la base de tales diseños, se encuentran alineadas naturalmente con la sustentabilidad que es parte inherente de los procesos de diseño abierto.

Los bancos de diseño abierto pueden aliarse estratégicamente con prácticas sustentables que incrementan ese potencial. Por ejemplo, al aliarse con las prácticas de la “economía del compartir” en términos de prácticas de consumo.

El hardware y la manufactura abierta y distribuida conlleva enormes ahorros de costo; se estima que el hardware abierto se produce generalmente a un octavo del costo del hardware propietario. Para países que se embarcan en este camino, esto tiene implicaciones importantes para el balance de pagos y la dependencia neocolonial del sistema neoliberal globalizado. El ahorro de costos libera resursos sustanciales que pueden ser invertidos en otras áreas de desarrollo para incrementar la difusión de un bien o un servicio particular, etc.

Finalmente, en términos de producción, la combinación de diseño abierto con maquinarias distribuidas puede, o tendrá, un tremendo efecto en la geografía de la producción, al permitir una relocalización de la producción en microfábricas. Estudios actuales muestran que el transporte de bienes puede ser eliminado a través del estímulo de industrias locales y domésticas que combinen la generalización del sistema de microfábricas con las comunidades de diseño abierto, con la consigna de que “lo que es pesado es local, lo que es liviano es global”.

El papel del ‘idle-sourcing’ y la economía del compartir

La emergencia de la economía social del conocimiento, como un proceso de mutualización de recursos inmateriales, se encuentra acompañada de la emergencia de una “economía del compartir”, es decir,de un proceso de mutualización de recursos materiales.

Esta economía del compartir está emergiendo en parte como una respuesta a la crisis económica global, y en parte porque las tecnologías en red disminuyen drásticamente la coordinación y costos de transacción necesarios para manejar tal mutualización.

En uno de los primeros tratamientos bibliográficos de este fenómeno, “Rise of Collaborative Consumption” de Rachel Botsman, la autora distingue tres grandes categorías sobre el compartir:

  • Sistemas de Servicios de Productos, como el compartir bicicletas y vehículos (“Bikesharing” y “Carsharing”), basados en el esquema de uso de que se paga por los beneficios del producto (lo que hace por cada uno) sin necesidad de ser propietario del producto.
  • Mercados de Redistribución (“Freecycle” y “eBay”), en los cuales bienes usados o que tuvieron propietario se distribuyen de donde no se necesitan a un lugar en que son requeridos.
  • Estilos de Vida Colaborativos (“Couchsurfing” y “Lending Club”), en los cuales se comparten e intercambian bienes como tiempo, alimentos, espacio, habilidades y dinero.

La economía del compartir es una respuesta importante a los retos de la escasez de recursos y energía, y en particular al enorme desperdicio de recursos materiales que es resultado de una economía consumista orientada por los beneficios económicos. La economía del compartir permite el aporte de recursos ociosos (“idle-sourcing”) en escala masiva, es decir, la reutilización de posesiones materiales poco utilizadas. Mutualizar ciertas infraestructuras, como los vehículos por ejemplo, permite ahorros sustanciales en el uso de recursos materiales y energías, necesarios para completar funciones como el transporte.

La economía del compartir se encuentra idealmente fundada en una economía social del conocimiento, que permite información abierta sobre recursos ociosos que puedan ser compartidos entre las comunidades de usuarios.

Es importante, no obstante, observar los temas de gobernanza y propiedad que subyacen a esta situación. Una parte de la economía del compartir se encuentra dirigida por plataformas privadas que monetizan tales recursos ociosos; otra parte consiste en iniciativas sociales y no lucrativas que apuntan a un intercambio no monetario de tales recursos.

La parte de la economía de compartir que se encuentra dirigida por plataformas privadas con fines de lucro que actúan como intermediarios puede desviar algunas de las ventajas inherentes al modelo. Por ejemplo, el uso de trabajo desagregado y distribuido, en el cual trabajadores aislados a destajo enfrentan una demanda de servicios que claramente es fortalecida por el diseño de la plataforma, puede ejercer una presión hacia la baja de salarios.

Una política de conocimiento social garantizaría que las formas de propiedad y gobernanza no desvíen el libre intercambio del conocimiento entre todos los usuarios, y necesita asegurarse de que la propiedad privada de las plataformas no ponga en riesgo tales posibilidades.

Sin embargo, muchas de las fuerzas activistas en la economía del compartir están trabajando por políticas sociales progresivas. Este es el caso de la “guía” digital “Policies for Shareable Cities”, coproducido por la revista Shareable y el Sustainable Economies Law Center. Otras políticas, como la campaña de Peers.org en EE. UU., son producto de una organización que borra las contradicciones sociales entre los usuarios y los propietarios de infraestructuras intercambiables.

No obstante, sigue siendo una prioridad para la transición hacia una economía social del conocimiento, habilitar y empoderar sistemáticamente la mutualización de infraestructuras que el surgimiento de la economía de compartir representa, mientras se crea la correspondencia con formas de propiedad y gobernanza que incluyen a las comunidades de usuarios.

Una oportunidad histórica: la convergencia de infraestructura P2P material/técnica, procomún digital/inmaterial, y modelos de gobernanza y propiedad orientados al procomún

La transición hacia una economía social del conocimiento se encuentra favorecida hoy día por una fuerte convergencia de tendencias tecnológicas y sociales, es decir, posibilidades tecnológicas que pueden ser alcanzadas por fuerzas políticas y sociales emancipatorias.

La primera es, por supuesto, la lógica de producción de infraestructuras técnicas entre pares, como Internet, que permite la auto-organización y la creación de valor por parte de comunidades productivas que puedan operar tanto en una escala global como local. Internet es, en efecto, no sólo un medio de comunicación, sino más propiamente, un medio de producción.

La segunda es la “distribución” de los medios de producción a través de la impresión 3D y otras tendencias en el campo de la miniaturización de la fabricación de máquinaria. Esto permite disminuir las barreras para la autoorganización de una economía cívica y cooperativa. Se trata del “Internet de la Manufactura”. La llamada economía del compartir permite la mutualización de infraestructura crítica y del aporte ocioso a través de recursos aislados y desperdigados. La Internet de las Cosas permite un control más fino, la autonomía y la interconexión de los objetos.

La tercera es la distribución de capital financiero, a través del financiamiento colectivo (“crowdfunding”), el préstamo social y otras posibilidades que permiten una localización más precisa de las inversiones por parte de los mismos ciudadanos. Este es el Internet del Capital Financiero Ético.

La cuarta es el desarrollo de energía distribuida renovable, que permite una Internet de la Energía, así como la autonomía energética en niveles locales, como en el poblado, el vecindario e incluso en el hogar.

El software libre, el conocimiento abierto y el diseño abierto muestran las posibilidades en aumento de la integración en red y la mutualización de recursos inmateriales. Las tres otras formas de distribución apuntan al potencial para la integración en red y la mutualización de recursos físicos. En otras palabras, tenemos un gran potencial para la ingenería de la convergencia de recursos materiales e inmateriales.

Así, podemos visualizar la economía social del conocimiento como un medio para habilitar una vasta serie de procomunes del conocimiento para cada campo de actividad humana, pero que se encuentran habilitados por las condiciones materiales (Internet de la manufactura y la energía) y condiciones inmateriales (métricas, marcos jurídicos, etc.).

No obstante, tal como hemos mostrado en nuestra introducción a los regímenes de valor, tal procomún puede aún ser sujeto de un “extractivismo del conocimiento” que beneficie a participantes de elite privilegiados. Y como hemos mostrado en nuestras distinciones con respecto a los regímenes tecnológicos, las posibilidades técnicas P2P pueden enmarcarse en diseños con incidencia en la creación de valor que privilegien a ciertos participantes, tales como los propietarios de las plataformas. El gran peligro se encuentra en que eliminemos los intermediarios y descentralicemos por un lado, para integrar nuevos intermediarios (participantes dominantes) por el otro lado.

La promesa de una economía social del conocimiento no se concretará sin cambios profundos en los regímenes de propiedad y gobernanza.

Por esto es que debemos insistir en que la economía social del conocimiento, es decir, la producción entre pares por parte de comunidades productivas autónomas, va mano a mano con la propiedad y la gobernanza de pares.

Hoy, medios sociales como Facebook y motores de búsqueda como Google, se encuentran en manos de una nueva clase de oligopolios netárquicos. Muchas plataformas útiles, como aquellas que sirven al financiamiento y al préstamo colectivo, son meramente formas de capitalismo distribuido que funcionan como mecanismos invertidos de mercado (como en el caso de la plataforma de financiamiento Kickstarter), que no crean ni sustentan al procomún.

De ahí que la distribución de los medios de creación y difusión del conocimiento, de producción de maquinarias y de capital financiero, de energía distribuida y de recursos de tierra vitales, necesita ser complementado con tierras y propiedades distribuidas.

Mientras el procomún inmaterial y los bienes no rivales e intercambiables puedan ser protegidos por licencias abiertas, la producción material que resulte de ellos debe desenvolverse a través de entidades éticas que sean propiedad de los mismos que producen valor. Hoy día presenciamos la emergencia de un amplio rango de regímenes dinámicos de gobernanza y propiedad, los cuales pueden garantizar la distribución y democratización del poder de decisión. Innovaciones en gobernanza, tal como el Modelo de Sistemas Viables, la sociocracia y la holocracia, se han desarrollado para permitir la toma de decisiones democráticas en comunidades productivas; regímenes de propiedad dinámicos tal como el “Modelo de empresa de inversión justa”, “Cooperativas de solidaridad”, y “Comunidad de fideicomisos agrarios”, entre muchos otros, se han desarrollado para distribuir la propiedad e introducirla al procomún. Los esquemas legales y las regulaciones de la economía social del conocimiento deben facilitar el desarrollo y la elección de tales modalidades. La clave es habilitar una mancomunidad pluralista y rica de elecciones, que tenga como requerimientos clave la democracia productiva y la integración de externalidades ambientales y sociales.

Como hemos visto en nuestra introducción a los cuatro regímenes socio-técnicos, las infraestructuras y las prácticas P2P pueden insertarse en modelos netárquicos (control jerárquico, propiedad y gobernanza de la lógica social P2P), capitalismo distribuido (monetización de recursos ociosos e intercambiables), pero también en la comunidad local y en regímenes de propiedad y gobernanza orientados al procomún global.

Nuestra recomendación es la creación de dos instituciones que puedan asegurar la propiedad y la gobernanza democrática dentro de la esfera del procomún material e inmaterial:

* El Instituto de la Propiedad Pluralista

Este instituto, en cooperación con el Instituto para el procomún presentado anteriormente, asiste a individuos, comunidades y actores de la economía social del conocimiento para que conozcan las alternativas de propiedad que se encuentran disponibles, facilita el acceso a tal conocimiento, el ajuste legal, etc. Puede modelarse a partir de iniciativas exitosas como el Sustainable Economics Law Center en San Francisco, EE. UU., bajo el liderazgo de Janelle Orsi; y el movimiento ShareLex en Europa.

* El Instituto de la Gobernanza Pluralista

Este instituto, en cooperación con el Instituto del procomún presentado arriba, asiste a individuos, comunidades y actores de la economía social del conocimiento para que conozcan alternativas de gobernanza disponibles, facilita el acceso a ese conocimiento, la facilitación legal, etc.; ayuda a encontrar entrenamiento en capacidades humanas que favorezca formas de gobernanza que integre a todas las partes interesadas.

Elementos del Plan Idealizado e Integrador de Transición Completa a una Economía del Conocimiento Social madura

Este es un resumen muy sintético de la lógica tras la estrategia de transición

Análisis

1. En condiciones de capitalismo (industrial) propietario

  • Dos trabajadores crean valor a través de su capacidad privada como proveedores de mano de obra.
  • Descualificación de la producción de conocimiento de los trabajadores; creación de capas de gestión y de ingeniería que gestionan la producción colectiva en nombre de los propietarios del capital
  • l conocimiento codificado es propietario y el valor se captura como rentas por Propiedad Intelectual
  • los propietarios del capital capturan y hacen efectivo el valor de mercado; redistribución parcial en la forma de salarios.
  • en condiciones de equilibrio entre capital y trabajo, el Estado redistribuye la riqueza a los trabajadores, como consumidores y ciudadanos;
  • en las condiciones actuales de debilidad del trabajo, el Estado redistribuye la riqueza hacia el sector financiero y crea condiciones de dependencia de la deuda en la mayoría de la población.

 

2. En condiciones emergentes de producción entre iguales bajo la dominación del capitalismo financiero, “netárquico” y “cognitivo”

  • Los contribuyentes voluntarios cívicos, el trabajo remunerado y los emprendedores independientes crean valor codificado en fondos comunes de conocimiento, código y diseño.
  • Los propietarios del capital hacen efectivo y capturan el valor de mercado tanto de contribuyentes como de mano de obra; la red propietaria y las plataformas de colaboración capturan y hacen efectivo el valor de atención de los participantes/colaboradores.
  • Los propietarios del capital se benefician de las ventajas del trabajo desagregado distribuido ​​(crowdsourcing).
  • El capital cocrea la acumulación continua de repositorios de conocimiento, código y diseño a través de la financiación de la mano de obra y las plataformas bajo condiciones de precariedad para los colaboradores cívicos voluntarios y sin apoyo del espíritu de empresa orientado al procomún.
  • El procomún es administrado por instituciones sin fines de lucro que reflejan el equilibrio de influencias entre los contribuyentes, los trabajadores y los dueños del capital, pero siguen expandiendo los repositorios comunes; el sector del procomún carece mecanismos de solidaridad para hacer frente a la precariedad; la sociedad civil sigue derivando en los sectores del mercado y del Estado.
  • El Estado debilita sus funciones de servicio público y de solidaridad a favor de sus funciones represivas y subvenciona el capital financiero; el Estado sólo cocrea mínimamente las condiciones para la producción entre pares orientado al procomún, y continúa la redistribución del capital financiero.

3. Bajo condiciones de fuerte producción entre pares bajo dominio cívico

  • Los contribuyentes cívicos voluntarios y el trabajo autónomo cooperativo crean valor codificat a través de repositorios de procomún; el trabajo y la recalificación ocurren a través de manufactura distribuida orientada al procomún lo cual ubica a los creadores de valor en la cima de la manufactura distribuida y otras formas de creación de valor.
  • Los contribuyentes del procomún crean entes cooperativos de mercado orientados al procomún, que sustentan el procomún y sus comunidades de contribuyentes.
  • Los entes cooperativos y otros similares al procomún cocrean fondos de procomún comprometidos con la acumulación cooperativa en beneficio de sus miembros; las contribuciones del procomún están codificadas según las estructuras legales y de gobernanza; las coaliciones empresariales y las fílias (redes estructurales de firmas que trabajan entorno a fondos de procomún conjuntos para sostener comunidades de productores de procomún)
  • Coordinación de mutuas sociales de producción a través de cadenas de suministro abiertas para dirigir las actividades de mercado.
  • El procomún permite que las instituciones benéficas se confiertan en la forma cívica central en la gobernanza de los fondos de procomún; los entes del mercado asociado crean mecanismos de solidaridad e ingresos para los productores entre pares y los procomuneros, apoyados por el Estado como socio.
  • El Estado, dominado por sectores cívicos y del procomún, se convierte en un Estado socio, lo cual crea y sostiene la infraestructura cívica necesaria para habilitar y empoderar la producción social autónoma.
  • El mercado se convierte en una economía moral y ética, orientada en torno a la producción del procomún y la coordinación mutua, sustentado por funciones del Estado como socio.
  • El sector mercado está dominado por formas de propiedad, normas y gobernanza cooperativas y orientadas al procomún; las entidades remanentes que buscan la maximización de beneficios se reforman para respetar las externalidades medioambientales y sociales, incluyendo la redistribución de los ‘beneficios del procomún’ extraídos.
  • Los mecanismos de gobernanza son reformados hacia una orientación al procomún y modelos de gobernanza con múltiples actores; los modelos de propiedad se reforman de modelos extractivos a modelos generativos.
  • El modelo del Estado socio, renueva la prestación de los servicios públicos, los mecanismos de solidaridad y la atención social, a través de la procomunización de los servicios públicos y las relaciones entre lo público y el procomún.
  • La redistribución social tiene lugar a través de prestación de ingresos básicos y la reducción de la participación necesaria en el trabajo para crear condiciones por contribuyentes cívicos y la economía de la contribución.

Dinámica de transición

El Estado

  • El Estado se convierte en un Estado socio, con el objeto de habilitar y empoderar la producción social autónoma, lo cual también aplica para el contexto de los bienes del procomún.
  • El Estado se esfuerza por la máxima apertura y transparencia.
  • El Estado sistematiza la participación, deliberación y consulta en tiempo real con los ciudadanos.
  • La lógica social se desplaza desde una centrada en la propiedad a una centrada en el ciudadano.
  • El Estado se desburocratiza a través de la procomunización de servicios públicos y asociaciones entre lo público y el procomún.
  • Los trabajos de servicio público se consideran como un recurso del fondo de procomún y la participación se extiende a toda la población.
  • La democracia representativa se amplía a través de mecanismos participativos (legislación participativa, presupuesto participativo, etc.).
  • La democracia representativa se amplía a través de mecanismos de deliberación en línea y presencial.
  • La democracia representativa se amplía a tavés del voto líquido (consultas y procedimientos democráticos en tiempo real, junto a mecanismos de voto delegado).
  • Se reduce la tributación del trabajo productivo, el emprendimiento y la inversión ética; se reduce la tributación de la producción de bienes sociales y medioambientales; se aumenta la tributación de inversiones especulativas e improductivas; se aumenta la tributación de ingresos por rentas improductivas y se aumenta la tributación de externalidades sociales y medioambientales negativas.
  • El Estado sostiene las infraestructuras cívicas orientadas al procomún y los actores de mercados éticos orientados al procomún.
  • El Estado reforma al sector corporativo tradicional para minimizar las externalidades sociales y medioambientales.
  • El Estado participa en la creación monetaria pública libre de deuda y apoya una estructura de monedas complementarias especializadas.

La Economía Ética

  • Creación de una economía de procomún y bienes del procomún con orientación social/ética/cívica y solidaria
  • Los actores de un mercado ético se reúnen en torno del procomún del conocimiento productivo, eventualente utilizan la producción entre pares y las licencias orientadas al procomún para apoyar al sector socioeconómico.
  • Los actores del mercado ético integran en sus modelos de gobernanza temas relativos a bienes del procomún y a múltiples actores orientados al usuario y al trabajador.
  • Los actores del mercado ético se mueven desde formas extractivas hacia formas generativas de propiedad; se prefieren formas de compañías abiertas, orientadas al procomún y éticas.
  • Los actores del mercado ético practican contabilidad de libros abiertos y cadenas de suministros abiertas para aumentar la coordinación de producción fuera del mercado.
  • Los actores del mercado ético crean redes territoriales y sectoriales de asociaciones de la Cámara de los Representantes para definir sus necesidades y metas y en interfaz con la sociedad civil, procomunes y el Estado socio.
  • Con la ayuda del Estado socio, los actores del mercado ético crean estructuras de soporte para comercialización abierta, lo cual mantiene y sostiene al procomún.
  • Los actores del mercado ético se interconectan con comunidades productivas de procomunes (comunidades de diseño abierto) y con asociaciones productivas globales (fílias) lo cual proyecta el poder del mercado ético a escala global.
  • Los actores del mercado ético adoptan un diferencial de salarios entre 1 y 8, y se fijan los niveles máximos de salario.
  • Se reforma la corriente principal del sector comercial para minimizar las externalidades sociales y medioambientales negativas; se ofrecen incentivos para alcanzar la convergencia entre la economía corporativa y la economia solidaria
  • Se estimulan formas híbridas de economía como comercio justo, emprendimiento social, corporaciones benéficas (B-Corporations) para obtener tal convergencia.
  • Se crean y apoyan microempresas distribuidas para (g)localizar manufactura a demanda, para satisfacer necesidades locales de bienes básicos y maquinaria.
  • Se crean, con base territorial y sectorial, institutos para el apoyo de conocimiento productivo.
  • La educación se alinea con la cocreación del conocimiento productivo en apoyo a la economía social y a los procomunes abiertos de de conocimiento productivo.

El sector de los procomunes

  • Creación de infraestructuras de procomún tanto para bienes materiales como para bienes inmateriales; la sociedad es vista como una serie de procomunes enclavados, que se apoyan en una economía de mercado ético y en el Estado como socio que protege el bien procomún y crea infraestructuras cívicas de apoyo.
  • Los procomunes locales y sectoriales crean alianzas civiles del procomún hacia una interfaz con la Cámara de los Representantes y el Estado como socio.
  • El enclavamiento de asociaciones benéficas (Fundaciones de Conocimiento Procomún) permite y protege varios procomunes.
  • Las Cooperativas de Solidaridad forman asociaciones de procomún público en alianza con el Estado socio y el sector de la Economía Ética, representado por la Cámara de Representantes.
  • Los procomunes naturales son administrados por asociaciones de procomunes públicos y se basan en la pertenencia ciudadana de Fideicomisos Procomunes.

Reconstrucción política de movimientos sociales en conjunto con la transformación posindustrial

El cambio hacia una sociedad abierta basada en el conocimiento abierto también depende crucialmente de la reconfiguración de la política. Esta sección no se dirige específicamente hacia la situación política en Ecuador, pero intenta ser una guía genérica para la reconstitución de fuerzas políticas alrededor de una agenda que apoye al procomún, basada en un proceso ascendente.

La propuesta es crear tres coaliciones institucionales: dos para el uso doméstico (local, regional, nacional), y una que busque jugar un rol en la reconstitución de la gobernanza global (supraregional y global).

*La institución civil/política ‘local’: La Alianza del procomún

Una alianza del procomún es una alianza, lugar de encuentro y red de redes orientadas por comunes par a par, asociaciones, lugares; que no tienen racionalidades económicas. Estas alianzas pueden ser tópicas, locales, transnacionales, etc… Un ejemplo es la iniciativa Paris Communs Urbains, que intenta crear una plataforma común para iniciativas urbanas del procomún en la región de París; otro ejemplo parisino/francés es la red cultural libre Libre Sevoirs, que está desarrollando un conjunto de propuestas políticas en torno a derechos digitales (ambos ejemplos me fueron mostrados por Lionel Maurel).

Una alianza de comunes es un lugar de encuentro y plataforma para formular propuestas de política que mejoren las infraestructuras civiles para el procomún. Una alianza del procomún podría, en cooperación con la Cámara de Representantes (ver más adelante) o autónomamente, producir una carta social para reconstituir las fuerzas políticas en torno a la agenda política en apoyo al procomún.

* La institución de la economía política ‘local’: La Cámara de Representantes

En analogía con las bien conocidas cámaras de comercio que trabajan en la infraestructura de empresas con fines de lucro, la Cámara de Representantes está coordinada exclusivamente por las necesidades de coaliciones emergentes entre empresas éticas del tipo procomún (las que tienen una misión/propósito dado como sin fines de lucro, actores de la economía ética/solidaria/social preocupados con los bienes comunes y no con el beneficio o la acumulación de capital), sino con un foco territorial. Su objetivo es descubrir las necesidades convergentes de las nuevas empresas del procomún e interactuar con poderes territoriales para expresar y obener sus necesidades de infraestructura, política y leyes.

En cooperación con la alianza cívica del procomún anteriormente discutida, la Cámara puede producir cartas sociales para reconstituir la política en torno a las prioridades de una economía ética basada en el procomún.

* La institución económica global: la fília P2P/procomún globa-local

Una fília (o “filé”, como originalmente propuesto por lasindias.net) es una coalición de los comunes orientado a las empresas éticas que apoyan a la comunidad, que comercian e intercambian para crear sustentos de vida para los trabajadores del procomún y productores de pares comprometidos en la producción social. El uso de la licencia de producción entre pares mantiene el intercambio de valor creado dentro de la esfera del procomún y fortalece la existencia de una contraeconomía autónoma que rechaza la lógica destructiva de la maximización del beneficio, trabajando en su lugar para incrementar los beneficios para sí mismos, aunque también para los procomunes globales emergentes. Las fílias crean economías integradas en torno a los comunes, que les hacen más autónomos y les aseguran la reproducción social de sus miembros. Las fílias hiperproductivas globales que generan bienestar para su miembros, crearán gradualmente un contrapoder frente a las aún dominantes MNO. Los filés son necesarios para proyectar el poder económico ético más allá de la Nación-Estado hacia la esfera de la gobernanza global que es actualmente dominada por compañías privadas multinacionales con fines de lucro.

En conclusión:

En resumen, necesitamos una alianza de comunes para proyectar el poder civil y político e infuir en cada nivel de la sociedad; necesitamos fílias para fortalecer nuestra economía autónoma del sistema dominante maximizador de beneficios; y necesitamos una Cámara de Representantes para el logro de la política territorial; condiciones de infraestructura y legales en la economía política alternativa humana y respetuosa de la naturaleza para prosperar. Tampoco es por sí sólo suficiente, pero juntas pueden convertirse en una tríada para la necesaria fase de transición.

 

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1 COMENTARIO

  1. *USEMOS EL DON DE SOLIDARIDAD, AYUDA DESINTERESADA, TRABAJAR UNO PARA TODO Y TODOS PARA UNO, usemos o pidamos cualquier recurso para nuestra supervivencia, tal como usamos el aire valioso para respirar o los rayos del sol, y verán que la economía y capitalismo no será necesario en nuestras vidas.* Usemos el dinero como herramienta o como juego para no sentir el shock. Y llevemos en mente que nuestra riqueza rel es todo lo que vemos y sentimos a nuestro alrededor. La pobreza desaparecerá automáticamente por que somos consientes que nadie es pobre, El dinero solamente es un intermediario innecesario o falso que dejara de funcionar.

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